Tinku Verbal

COCA, ALCOHOL Y SANTOS

Andrés Gómez Vela

Un gélido viento corre sobre el pequeño calvario del santuario de Bombori (Potosí), ubicado en una colina achatada y pelada, donde hay una pila de piedras, que de tanta challa parece un manantial de cerveza. Encima está una cruz clavada hasta tres cuartos. Casi todos los peregrinos paran ahí para anunciar al Tata Santiago, que está metros más abajo en una planicie, su llegada y sus pedidos.

En el lugar pululan los yatiris que ofrecen separar de tu cuerpo los males que te persiguen, rompiendo unos hilos rojos sobre tu cabeza. Terminado el acto insisten a los creyentes a beber y libar una botella de cerveza por cabeza dando vueltas alrededor de las piedras. Y no falta la coca en cada acto. Y no falta la misa después. Y no faltan los borrachos.

Santos, coca y alcohol es la mezcla heredada de la Colonia. Sospecho que los invasores los tenían distraídos a los indígenas con esas cosas. Al final de cada jornada, los “indios mineros” tenían a la salida de las bocaminas libre acceso a las cantinas y a la coca. Si no tenían dinero, se los fiaban. Entonces, nació el mito: gracias a la coca resistieron (cuando de lo que se trataba no era de resistir, sino de liberarse).

No es malo tomarse “unos tragos” de vez en cuando; lo malo está en los frecuentes motivos, que casi siempre son los santos y los elementos pachamámicos. Las farras armadas en honor a los “milagrosos” son monumentales. No sé cómo se originó esta “cultura”. Lo que sí sé es que la Iglesia Católica entronizó santos para todas las necesidades. Cito sólo algunos: San Gregorio Nacianceno, infalible contra mordeduras de perros y de otros animales; Santa Apolonia, patrona de los dentistas; Santa Águeda, eficaz en los partos difíciles.

No olvidar a San Blas, abogado de la garganta; Santa Lucia, buena para los ojos; Santa Bárbara, implacable contra las tempestades; San Pascual Bailón, patrón de las cocineras; San José, patrón de la buena muerte; San Judas Tadeo, recomendado para casos imposibles; San Antonio, preferido por las solteras, pero cabeza abajo. Pronto habrá un santo para Internet, dice José Ignacio López Vigil; se refiere a San Isidoro de Sevilla, de quien aseguran que era un gran sabio, una Wikipedia andante, un google con aura.

¿Por qué estos santos hacen milagros para unos y no para otros, si todos somos hijos de Dios? Son unos discriminadores. ¿Por qué a muchos malvados les va bien? Tal vez aquí entran las cajas de cerveza. Mientras más cajas, más milagros. O más oraciones, más milagros.

No, ellos no hacen los milagros, escribe López Vigil e ironiza: los santos piden a la Virgen y ella a Jesús y éste al Padre Dios para que se produzca el milagro. Los santos son los secretarios de Jesús.

Según su libro “Otro Dios es Posible”, durante el periodo de Juan Pablo II se canonizaron 464 nuevos santos y santas, más que en los cinco siglos anteriores; y de cada cien santos, sólo 5 eran pobres.

A veces, imagino a los santos tan ebrios que se olvidan de volver al cielo y se quedan tirados en la tierra. Lo propio pasa con las divinidades indígenas; según algunos de sus creyentes, demandan tanta bebida a tal punto que la Madre Tierra termina girando el día más rápido.

Al igual que López, creo que los más santos están en la tierra, son los que luchan por la justicia, los que ayudan a las víctimas. En ese mismo sentido, el milagro es compartir el pan con los necesitados, ayudar al prójimo, distribuir con justicia los bienes y no rezarle a Dios para acumular más y más riqueza, quitando el pan de la boca a otros.

“Ayúdate y Dios te ayudará”, dice el refrán y es verdad. Si no contribuimos como seres humanos, así nos tomemos muchos whiskys no alcanzaremos una sociedad milagrosa. No estoy en contra de las creencias, pero sí en que el alcohol sea incluido en cada acto religioso.

El Tata Bombori y la Virgencita de Urkupiña no requieren ni coca ni alcohol, requieren más humanidad.

Religión y alcohol pueden conducir a una sociedad al borde del infierno, que por cierto fue creado literalmente por el Concilio de Letrán en 1123.

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LA CREDIBILIDAD DEL TSE EN DUDA

Andrés Gómez Vela

El cargo no te da autoridad, la autoridad te da el cargo. Será que por eso, el Diccionario define esta palabra como el “prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia”. En consecuencia, la autoridad se convierte en credibilidad, lo que a su vez genera la fe pública en las personas.

¿A qué viene todo esto? Pues me dejó muy preocupado la credibilidad del Tribunal Supremo Electoral (TSE). Recientemente, cuatro de los cinco partidos que participarán en las elecciones de Octubre señalaron que no confían en los vocales del TSE. Sólo el oficialista MAS dice lo contrario. Usted dirá: esas percepciones son políticas, y hasta puede que tenga razón. Aunque hubo un tiempo en que eran muy respetados (los llamaban Los Notables), incluso por aquellos que no creían en el sistema democrático.

A esa desconfianza partidaria, se suma la percepción de la ciudadanía. Una encuesta, difundida recientemente por Página 7,  revela que el 36% de los consultados confía poco en el TSE, y el 30%, más o menos. Dicho de otro modo, 6 de cada 10 encuestados tienen dudas. Bueno, digamos que son encuestas.

¿Cuándo se origina la desconfianza? En las elecciones judiciales (octubre 2011), cuando ganó el voto blanco y nulo, que sumó un promedio de 2.5 millones y los que no votaron llegaron a 1.156.685, de un total de 5.243.375 habilitados. Según opositores y analistas, “se cocinaron” datos para evitar la anulación de ese proceso. La deslegitimación no se pudo evitar.

Esa vez, el TSE estaba presidido por Wilfredo Ovando, que en “coincidencia” con el MAS se oponía, también por esa vez, a reformar el artículo 82 de la Ley del Régimen Electoral que bloqueaba la información a la ciudadanía. Este vocal fue acusado luego de ser militante del MAS. El MSM difundió fotografías suyas en actos proselitistas. Ovando negó el hecho.

Creció la desconfianza cuando cinco vocales, Dina Chuquimia, Wilfredo Ovando, Irineo Zuna, Fanny Rivas y Marco Ayala, aprobaron una delimitación de circunscripciones uninominales contraria a la Constitución. La oposición los acusó de favorecer al MAS con su mapa electoral.  Ante los argumentos y críticas, tuvieron que cambiar.

También llamó la atención, el empadronamiento. Un departamento del TSE proyectó  451.000 nuevos inscritos. Después de dos ampliaciones, sumó 1.288.505. Las proyecciones fueron hechas con datos del Censo 2012, que para lo peor arrojó tres cifras de población diferentes.

Tomé esos hechos como chambonadas, y opté por confiar en las personas. Sin embargo, cuando vi el pasado 27 de Julio en El Deber un titular: “Cuatro vocales del Tribunal Electoral enfrentan procesos”, volvió la preocupación. Zuna tiene dos denuncias de acoso sexual a funcionarias, una de las víctimas dice que la obligó a vestirse de Chola. Rivas fue denunciada por el fiscal Roberto Achá en Santa Cruz en enero de 2012 por supuesto tráfico de influencias a favor de su cuñado.

El diario cruceño señala que los vocales Ayala y Rivas también tienen un proceso en el Servicio de Impuestos Nacionales (SIN) por la presentación de facturas falsas. El monto observado es de Bs 30.000 y el TSE fue notificado el 29 de mayo de este año.

La última denuncia fue presentada por la exjefa de Sección Comunicación e Información del SIFDE, Sandra Mallo, contra Chuquimia por intentar favorecer a una empresa con un contrato sin cumplir los pasos legales y administrativos para la realización de una campaña publicitaria.  Hubo otra denuncia de tráfico de influencias contra Chuquimia en  2011 por haber instruido supuestamente la impresión de 70.000 volantes para las elecciones judiciales. Este último caso provocó un proceso contra el TSE.

Por principio presumo inocencia. Pero, estos juicios suelen ser usados por el poder político para cambiar conductas cada vez que las personas quieren actuar en regla.

El cargo no te da autoridad, la autoridad te da el cargo. Las razones de la desconfianza están ahí, pero también están ahí personas que probablemente puedan revertir esta percepción respecto al TSE por el bien de la democracia.

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EL INVISIBLE SIN MIEDO

Andrés Gómez Vela

Las encuestas, además de pretender adivinar el futuro, tienen una intención: crear corrientes de opinión en favor de un tema o un candidato. Por ello, cuando quieren saber la percepción de las masas sobre un tema las sondean con preguntas elaboradas por una persona que busca una respuesta a una hipótesis, a su hipótesis. Obvio, no preguntan a todos, sino a una mínima parte, que opina de manera imprevista y de facto en nombre de toda la gran parte.

Entonces, cuando presentan los resultados lo hacen como si hubieran preguntado a 10.000.000 y no sólo a mil. Con la “involuntaria” ayuda mediática, logran crear una realidad: “El 80% de la gente apoya al candidato X”. (¿De la gente? Pero si es el 80% de mil personas encuestadas) Y en seguida viene el efecto de la fila: “Si muchos admiran a ese X, será porque es bueno, yo también me sumo a la fila”.

Este razonamiento no significa el desahucio de esta técnica de investigación. Pero, responde al por qué las encuestas fallan, a veces, estrepitosamente, como ya sucedió en otras ocasiones. Bien hechas o mal hechas, realizadas con malas o sinceras intenciones, también son parte de estrategias de largo aliento.

Un botón de muestra. El MAS sabe que comparte con el MSM una parte del electorado. Para quedarse con esa parte, jugó desde antes que sean candidatos a invisibilizar, mediante encuestas, a Juan del Granado y a visibilizar a Doria Medina.

Si revisas acciones pasadas, verificarás que el MAS coadyuvó en la construcción de la imagen del opositor que le conviene, atacándolo, enjuiciándolo. ¿Por qué? Porque, según sus cálculos, Samuel capitalizará como máximo el 30% de la gente que no quiere a Evo y no le restará ni un voto. En cambio el MSM sí.

El MAS está seguro que tiene un 40% cautivo del electorado y quiere quedarse con el voto de la clase media citadina que optó por su candidato en 2005 y 2009 y que en Octubre podría votar por Juan.

Su estrategia, al menos hasta ahora, fue exitosa, porque logró su propósito de mostrar al candidato del MSM como marginal y sin ningún chance. Es más le “regaló” una candidata a la vicepresidencia que no tiene el respaldo con el que aparecía en las primeras encuestas (5%). Si sumara, Juan debería rozar al menos el 20%, en este momento. 

¿Tiene dudas? ¿Quién conocía mejor a Adriana Gil? El MAS, fue su aliada. ¿La prueba? El juicio a su madre por un caso que ya conocía hace tiempo, pero no lo ejecutaba porque se estaba reservando para un mejor momento como éste.

El MAS está logrando sepultar la imagen de mejor alcalde de Bolivia que tenía Juan, cuando era su aliado. Hoy ya no es eficiente ni experto en gestión pública, sino un “viejito” sin ideas y sin gracia.  

La existencia electoral de Juan pone (o tal vez ya no) en riesgo la mayoría o el triunfo de Evo en primera vuelta, si se cumplen los propios cálculos masistas: entre 35 a 40% MAS, 30 a 35% Samuel, 20% Juan. En otras palabras, la oposición lograría 2/3 del electorado. 

Ante esa posibilidad, el MAS también juega en terrenos “derechistas”. Alienta a Tuto para que le reste votos a Samuel.

Esta circunstancia pone en un dilema a un tercio del electorado, que mira las encuestas y razona opciones: votar sin tomar en cuenta las encuestas, volver a votar por el MAS o traicionar sus principios y votar por aquel que no había imaginado hacerlo nunca.

Está hastiado de Evo y ya no le sorprende nada de lo que dice o hace, pero tampoco quiere al que pretende reemplazarlo, y, encima, el candidato de su preferencia aparece sin posibilidades en “las encuestas”.

El MAS busca seducirlo con sus candidatos “clasemedieros” a senadores y diputados, sin embargo, está incómodo porque en la lista hay tránsfugas, advenedizos y exopositores radicales al proceso de cambio, justo contra quienes votó en 2005 y 2009. Mira a los extremos y, a ratos, piensa votar blanco o nulo o no votar, como en tiempos neoliberales.

¿Ve? Las encuestas crean corrientes de opinión, pero no corrientes de voto (me remito a elecciones anteriores).

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EL VOTO DE LA CLASE MEDIA

Andrés Gómez Vela

En las elecciones de diciembre de 2005 participaron 3.670.995 electores. De ese total, 1.539.045 apoyaron al MAS (53.7%). Podemos de Jorge Quiroga obtuvo 819.817 votos, (28,6%). Unidad Nacional, del también hoy candidato Samuel Doria Medina, logró 223.615 respaldos (7.8%). El MNR, que estaba en picada, alcanzó 184.937 (6.4%). 

El resto (MIP, NFR, FREPAB, USTB) sumó 97.454. El voto blanco fue 122.879 (3.9%) y el nulo, 103.960 (3.3%).

¿Cómo se explica este resultado? Como ya escribí antes, aquella vez hubo un voto venganza, un voto esperanza y un voto confianza. El primero se explica como la expresión de bronca de una parte de la ciudadanía -particularmente de la clase media citadina- contra los partidos oligárquicos que habían convertido el Estado en un medio de enriquecimiento ilícito. Votó incluso sin percatarse a quién elegían para despachar a aquellos.

El segundo fue asumido por grupos sociales que optaron por el candidato menos malo ante la carencia de una alternativa real, como diciendo “tal vez lo haga bien Morales porque no es parte de ese grupo oligárquico”.

En tanto que el tercero fue la manifestación contundente de sectores indígenas de apoyar a un político físicamente parecido a ellos y ellas, como ya lo habían anunciado en las elecciones de 2002, cuando Morales logró el segundo lugar con casi el 20%.

En los comicios de 2009 participaron 4.582 786 electores. El padrón subió en 911.815 ciudadanos. De ese total, 2 943 209 votaron por el MAS (64%). Sorprendente, en cuatro años duplicó, prácticamente, su votación porque agregó 1.404.164 votos más. 

En tanto, NFR de Manfred Reyes Villa llegó a 1.212.795 (26.4%). Si bien el porcentaje fue menos que el de Quiroga en 2005, su apoyo aumentó 391.244 votos más. Unidad Nacional de Doria Medina bajó en porcentaje de 7.8 a 5.6%, pese a que subió en números a 258.971. 

Alianza Social de René Joaquino, que hoy es candidato a senador del MAS, obtuvo 106.027 votos (2.3%). El resto (MUSP, Gente, PLS y BSD) sumó 61.784. El voto blanco llegó a 156 290 (3.2%) y el nulo, a 120 364 (2.4%). 

¿Cuál la causa del increíble crecimiento del MAS? Las causas principales fueron las acciones racistas, discriminadoras y apátridas de los líderes opositores. Hasta ese momento, la gestión del gobierno masista era casi nula, salvo la “nacionalización”, porque la pelea política en la Asamblea Constituyente prácticamente había consumido el tiempo.

La oposición había aprovechado su mayoría en el Senado para frenar, sin fundamento o con argumentos débiles, muchas iniciativas del gobierno. Entonces, el bloque de la clase media independiente y sectores vinculados a partidos de centro derecha votó para acabar con el autoritarismo de la minoría que bloqueaba el prometido cambio. A estos se sumaron los apáticos de siempre que, esa vez, decidieron registrarse en el padrón sólo con el fin de terminar de voltear el tablero. 

En ambas elecciones, el candidato del MAS tenía poco kilometraje y no había cometido un solo error político contra la esperanza del cambio. Nueve años después, la situación es diferente, ya cometió errores, tuvo aciertos y generó dudas.

Las elecciones no serán definidas por campesinos, cocaleros, cooperativistas, contrabandistas. 

La decisión de la clase media puede ser determinante. ¿Le dará otra vez 2/3 al MAS después del uso que hizo de ese ilimitado poder? ¿Cuál será la orientación del voto joven que ni se mosquea cuando le hablan de vendepatrias y sólo compara a Evo Vs. Evo? ¿Repetirá el MAS el 80% en La Paz, el 79% en Oruro, el 78% en Potosí, el 40.9% en Santa Cruz? ¿Podrá algún partido opositor capitalizar el desencanto (si hay)? ¿Persistirán hasta octubre las fobias y filias regionales contra algunos candidatos?

Finalmente, ojo con los votos blanco y nulo, puede virar o reducir su tendencia en un sentido u otro.

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ELECTORES Y RAZONAMIENTOS

Andrés Gómez Vela

Conocidos los candidatos para las elecciones nacionales, llega el momento de los electores que hasta octubre decidirán su voto. Sus razonamientos y motivaciones son tan diversos como la cantidad de electores que hay, aunque, por supuesto, hay denominadores comunes. 

Como en toda elección de principio hay dos bandos: el primero constituido por los que ya tienen su voto definido por el oficialismo; y el segundo, por la oposición. A ambos no les importa quiénes son los postulantes a senadores o diputados. Su apoyo estuvo definido incluso antes de la constitución del mismo binomio. 

Sin embargo, en el segundo bando hay indecisos, pues, si bien ya saben que votarán contra el candidato del MAS, aún no decidieron a cuál de los cuatro candidatos de la oposición apoyará. 

A la hora de decidir, éstos razonarán, presumo, sobre la base de dos objetivos: 1) Quieren al gobernante de hoy sí o sí fuera de palacio; 2) Quieren votar por el candidato de su preferencia por principios sin importar si el MAS se queda. Si se impone el primer razonamiento, ese elector jugará al voto útil, vale decir, sumará su apoyo al candidato con mayores posibilidades (según las encuestas), y no desperdiciará su voto en otro opositor sin posibilidades. Si triunfa la segunda motivación, el voto se dispersará en cuatro postulantes (según la intuición de cada elector).

Hasta aquí hay dos tercios de votantes. ¿Qué pasa con el tercio que queda? Ese tercio es ambivalente. Juega a la espiral del silencio. Es mutante. Puede decir una cosa al encuestador y marcar otra casilla el día de la votación. Es consciente de su poder de decisión. Por culpa de estos electores fallan las encuestas y las tendencias. 

En este grupo hay una diversidad de razonamientos. Están desde aquellos que se percatarán del programa de gobierno, hasta aquellos que revisarán minuciosamente las listas de candidatos al Legislativo para ver si vale la pena alguno de ellos.

Estará atento a los debates (si hay), se informará sobre los hechos y antecedentes de los que quieren ser su representante y analizará cuál de ellos realmente defenderá sus intereses y le garantizará un futuro.

En medio de esa diversidad, se puede ubicar a aquellos que prefieren la certidumbre y la estabilidad con el actual gobierno y evitar riesgos con otros candidatos que pueden prometer una cosa y hacer otra.

Por supuesto, no faltan aquellos que temen una dictadura disfrazada de democracia si ganara de nuevo el oficialismo, no quieren que sus hijos e hijas tengan un solo presidente el resto de sus vidas como en Cuba, Siria o Corea del Norte.

También están los que creen que cualquier otro presidente lo hará mejor que el actual. Entonces, votarán con la sensación de que si el actual gobierno hizo buenas cosas, un sucesor eficiente con más ideas y tanto dinero que hay en Bolivia, gracias al precio elevado de las materias primas en el mercado internacional, puede hacer maravillas.

No faltarán los que votarán según el humor que tengan el mismo día de la elección. Decidirán a partir de un detalle, un mal paso, un acierto de los candidatos o una afinidad con alguno de los postulantes a la Asamblea Legislativa.

Tampoco estarán ausentes aquellos que dirán que ninguno representa sus aspiraciones, por tanto, voto en blanco o nulo, en protesta contra el sistema. Tal vez ni asista a las urnas. 

Y ¿los jóvenes que votarán por primera vez? Aquí entra el voto familiar. Las charlas con papá, mamá, amigos incidirán en el curso de este voto. Los jóvenes son, generalmente, el reflejo de cada hogar. Esto no significa invalidar la autonomía de ellos o su incidencia en el resto de los miembros del hogar. 

No sé si te identificas con alguno de estos grupos, pero estoy seguro de que tus razonamientos e intereses te guiarán a un candidato. 

Se aproxima tu momento para decidir tu futuro, si no ejerces tu poder ahora, tendrás que esperar cinco años porque tus representantes en el Legislativo muy poco te escucharán (revisa antecedentes), pues, eso de la democracia participativa todavía es un cuento en Bolivia. 

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CLASES MEDIAS INDÍGENAS

Andrés Gómez Vela

La historia narra que el corocoreño  Luciano Tapia fue el primer candidato indígena a la Presidencia de Bolivia cuando la democracia estaba dando sus primeros pasos y la dictadura no la dejaba. Se presentó por primera vez en los comicios de 1978. En 1982 ganó una diputación. 

Constantino Lima, otro líder indígena, contó hace años en ERBOL Radio que el 5 de noviembre de 1960 se constituyó el primer instrumento político indígena, el Partido Autóctono Nacional (PAN),

Posteriormente, surgieron por esa década el Partido de Indios Aymaras y Quechuas del Kollasuyo (PIAQK), el Movimiento Nacional Tupak Katari (MNTK), el Partido Indio de Bolivia (PIB), el Partido de Indios del Kollasuyo (PIK) y el Movimiento Universitario Julián Apaza (MUJA). 

Lima narró que en enero de 1975 nació el instrumento político indianista de mayor repercusión, el Movimiento Indio Tupak Katari (MITKA). Recuerda, en una entrevista con el periódico Pukara, que esta organización fue constituida por Luciano Tapia, Jaime Apaza, Felipe Quispe y su persona, entre otros. Añade que terminó de consolidarse en 1978 en su Primer Congreso en Pacajes. 

Producto de este proceso, el MITKA logró un primer diputado indio, Julio Tumiri, en la gestión 1979-1980. En 1985 Constantino entró a la Cámara Baja con la sigla MITKA-1. 

Muchos años antes, después de la Revolución Nacional, cuentan  que Fausto Reynaga marchaba cada 9 abril con un letrero que desafiaba al slogan oficial de ese tiempo: “La tierra no es de quien la trabaja, sino del indio”. 

De ese tiempo a esta parte, los indígenas experimentaron una gran movilidad  política y social. El derecho a elegir y ser elegidos ya lo habían conquistado con la Revolución, pero las condiciones materiales y psicosociales les impedía ejercer ese derecho plenamente. Por ello, ni Luciano ni Constantino obtuvieron el apoyo de la mayoría de sus hermanos indígenas. El indio no confiaba en el mismo indio y su mente formateada con ímpetu colonial lo empujaba a admirar a los doctores y licenciados que ostentaban sus títulos académicos como si fueran nobiliarios.

Hoy, los indígenas ya no mendigan poder. Y no sólo tienen poder político, sino también económico. Tampoco sufren discriminación. Es más, una parte de la sociedad siente que el racismo va en sentido contrario. Desde hace tiempo circulan con opulencia e impávidos tanto por los pasillos del poder como del placer.

Tanto ha cambiado su vida que una buena parte de los indígenas pertenece hoy a la clase media o clase media alta o clase alta. Por supuesto, hay indígenas que siguen siendo viviendo mal y esa su pobreza los diferencia ideológicamente de sus “hermanos de sangre” ricos. 

Por esto ello, la contradicción histórica ya no es étnica: blancos Vs indígenas, sino social: indígenas y blancos ricos Vs indígenas pobres. En otras palabras, a los indígenas de hoy ya no los une el color de piel ni su condición de pobreza, los diferencia su riqueza. Y hay elementos que vinculan a blancos (si sigue vigente este término) e indígenas: el dinero y el control de los medios de producción (si queremos usar términos marxistas). El color de piel dejó de ser un diferenciador del poder económico. Prueba de esta nueva realidad, es la alianza entre el MAS y los empresarios del oriente (considerados hasta el año pasado como oligarcas separatistas); aunque todavía hay ciertos desubicados que pretenden mantener sesgos racistas.

Ahora, los indígenas de clase media son más clase social que nación, lo que significa que sus sueños de hace 60 años de lograr reconocimiento, acceso al poder y otros derechos políticos y sociales básicos mutó hacia otras aspiraciones.

Entonces, el sujeto histórico indígena que tomó la posta después del proletariado, derrotado entre 1985 y 1989, da paso a un nuevo sujeto histórico: la clase media. 

Fausto, Luciano y Constantino cumplieron en parte su sueño, pero su ideología fracasó porque gran parte de los indígenas clasemedieros o de clase alta de hoy abrazaron el capitalismo como sistema de vida, basta ver a cocaleros y cooperativistas. 

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¿POR QUIÉN VOTAR?

Andrés Gómez Vela

Hasta mediados del siglo pasado, unos iluminados formulaban las ofertas a los electores para obtener sus votos. Con el tiempo, los partidos aprendieron a sondear a las masas para escuchar sus deseos y devolverlos en programas. Como todo es dialéctico, los sueños sociales engendraron la demagogia que, según el filósofo alemán Ernst Cassirer, nace cuando “el político se convierte en una especie de adivino” y “hace las promesas más improbables y hasta las imposibles”.

Sin embargo, las cosas han variado. Los ciudadanos dejamos de ser pasibles consumidores de mentiras y pasamos a ser constructores de agendas que obligan a los políticos a pasar de las promesas a los compromisos.

Dados estos antecedentes, declaro que votaré por el candidato que contemple en su programa una Revolución Tecnológica porque a estas alturas, hablar sólo de industrialización equivale a quedarse en los siglos XVIII y XIX, cuando el objetivo de hoy es dar un salto hacia la era digital, donde Internet sea el cimiento de las ciudades inteligentes con habitantes capaces de producir conocimientos y desarrollar actividades económicas sin necesidad de grandes infraestructuras materiales.

Con ese fin busco un político que incluya profesores de informática en las escuelas para que los niños caminen hacia ese horizonte desde el primer día de clases. Sí, solicito educación de calidad y no sólo horas en aula.

Será por eso, no me caen los candidatos gobbelianos, que por obtener el apoyo popular reducen los problemas de la gente a sus más sencillos términos y repiten una y otra vez esta fórmula simplista pese a todas las objeciones inteligentes.

Votaré por alguien que me dé la certeza de un Estado de Derecho con una burocracia eficiente. El Estado no puede seguir siendo un festín para militantes de un partido porque, sencillamente, la cosa pública debe ser administrada por profesionales y personas con valores y de gran nivel sin importar su ideología.

No me importa si es de izquierda o derecha, pues ya lo dijo hace tiempo Umberto Eco que las categorías de derecha e izquierda, tal y como existían todavía hace 20 años, son incapaces de explicar las situaciones políticas actuales.

Apoyaré a quien me convenza que creará fuentes laborales reales y no trabajos precarios. Puede hacerlo desde el Estado y con la empresa privada, pero sin chantajes, sino abriendo todas las posibilidades reales y legales como para exigir luego a los inversores a cumplir con sus empleados.

En serio, no importa que sea de izquierda o derecha porque me identifico con lo que escribió Giovanni Sartori: “la izquierda de nuestro tiempo es moralmente genuina entre sus creyentes y activistas de base, pero por lo general es moralmente hipócrita en su vértice”.

Por tanto, respaldaré coherencia y consecuencia. Si me dicen que son seres democráticos, que lo demuestren fomentando interactividad, opiniones y críticas contrarias a su propia candidatura, gestión o pensamiento, sin vetos que encierran complejos psicológicos.

Por ello, va mi corazón con aquel que entienda que la cosa pública es de todos y no de un político; no comulgo con aquel que cree que el partido es él, por tanto, el Estado es él; comparto con aquel que garantiza la división e interdependencia de poderes y la transparencia administrativa con fiscalizadores oficiales y no oficialistas “fiscalizadores”.

No quiero un “showman” porque ya lo advirtió Aristóteles: “donde hay más de teatro, hay menos de exactitud”, y agregaría: menos información y más propaganda.

Me sumaré a la corriente que levante tribunales justos con jueces valientes y de impecable conducta, que traten por igual a derechistas, izquierdista, socialistas, liberales, oficialistas, opositores, presidentes, vicepresidentes.

Por supuesto, clamo seguridad ciudadana, pero no con más policías o militares en las calles, sino con más y empleos de calidad.

Estas son algunas de las ofertas que planteo, candidato que demuestra que los asume tendrá mi voto. ¿Y tú? ¿Qué agenda tienes? ¿Por quién votarás?

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¡SALVEMOS AL CERRO RICO!

Andrés Gómez Vela

Si un día cae o se hunde el Cerro Rico de Potosí, tendremos que borrar su imagen del escudo de Bolivia. El mítico Sumaj Orkjo llega a ser para el país como las pirámides del Valle de Gizeh para Egipto, aunque no es una obra humana, sino de la naturaleza, pero su peso simbólico es tan grande que sin él no se explica el origen del Estado boliviano.

Por esta trascendencia histórica fue designada en 1986 por Naciones Unidas como “Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad”. En otras palabras, el mundo reconoció su “valor universal”. Pero, hay un grupo de bolivianos, cooperativistas mineros ellos, que no tiene consciencia de la importancia mundial de esta montaña y causa cada día el hundimiento interno de tres centímetros de su cima, que alcanza aún 4.702 metros sobre el nivel del mar.

Da la impresión que no les importa mucho que sea un símbolo o patrimonio universal y siguen explotándolo con la misma rapacidad que en la época colonial, sólo que esta vez con la aquiescencia de las autoridades estatales, que teóricamente se preocupan, pero en la  práctica no hicieron ni hacen nada para evitarlo desde que se advirtió hace años el peligro.

Quien sí se preocupó, recientemente, pero en serio, es la Directora de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura (Unesco), Irina Bokova. En su visita a Bolivia, indicó que varios expertos propusieron declarar en riesgo al Cerro Rico y adelantó que será el Comité de Patrimonio de ese organismo el que decida qué hacer para protegerlo.

Hace un tiempo, el gobierno boliviano se planteó hacer un relleno hidráulico en la cima para aliviar los daños causados por los mineros. Hasta la fecha no se movió una sola piedra, por el contrario se siguió permitiendo su explotación cerca de la cúspide, pese a las prohibiciones, causando gigantescos huecos que crecen y deterioran continuamente la forma cónica del Cerro Rico.

Debemos tomar muy en cuenta la alerta de Irina Bokova y sumarnos a la campaña, pues, es inadmisible dejar que se hunda un “Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad” sólo por privilegiar a un grupo de cooperativistas que se niega a reconocer que esa montaña vale hoy más por su valor intangible que por los recursos que todavía tiene en sus entrañas.

Cada sitio donde hay un Patrimonio de la Humanidad deja de ser sólo del país donde está para pertenecer a la comunidad internacional. Hasta 2013, había 981 sitios, entre ellos está el Sumaj Orkjo.  Por su importancia, 191 países se trazan como objetivo permanente preservar estas obras del ser humano y la naturaleza para las futuras generaciones.

Una declaratoria en riesgo por parte de la Unesco permitirá que la comunidad internacional se movilice para salvar este patrimonio, como ya sucedió cuando se lanzaron campañas de protección de Venecia y su laguna, las ruinas de Mohenjo-Daro en Pakistán o el templo Borobudur en Indonesia.

El Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco celebrará desde este domingo hasta el miércoles 25 su trigésima octava sesión en Doha, donde analizará las nuevas postulaciones a su listado y el estado de conservación de sitios ya inscritos, entre estos el Cerro Rico.

No tengo nada contra estos cooperativistas, pero tengo mucho en favor de un patrimonio que no sólo es boliviano, sino mundial.

De hecho una acción de desalojo privará a los mineros de su derecho al trabajo, pero ellos están a punto de privar a la humanidad de un bien histórico.

Para evitar injusticias, las autoridades deben pensar en una economía alternativa o una relocalización (pero en buenos términos) de los cooperativistas, y éstos deben pensar en que del valor intangible de este Patrimonio comerán, a través del turismo, sus hijos, nietos, bisnietos, tataranietos y no serán borrados del futuro como la imagen del Cerro Rico del Escudo y de la historia de Bolivia en caso de que se caiga.

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HAY COSAS QUE NO CAMBIARÁN, OTRAS SÍ

Andrés Gómez Vela

Sea quien sea el próximo presidente, después de las elecciones del 12 de Octubre, hay cosas que no cambiarán en el país. ¿Cuáles?

La economía.- Seguirá la bonanza mientas se mantengan los precios de las materias primas en el mercado internacional. Si cayeran,, así siga el actual gobierno la crisis será sentida. Los malos y buenos momentos económicos no distinguen partidos, han favorecido o se han comido por igual izquierdistas y derechistas, comunistas y capitalistas. Por ahora, la fortuna nos acompaña. 

La nacionalización.-  ¿Imaginan al próximo gobierno privatizando YPFB o ENTEL? No duraría ni un mes en el mando. En este momento, hasta el más novato sabe que las empresas estratégicas aportan al pan de cada día y ha costado vidas y millones de dólares recuperarlas. Es más, la corriente internacional dejó atrás las privatizaciones. 

Nunca más Bolivia sin indígenas.- Los pueblos indígenas llegaron a las instancias de decisión para quedarse, no se irán más. Sin ellos es inexplicable Bolivia, como debió ser siempre. Sólo un orate retrocedería décadas.

Los bonos.- El Juancito Pinto, Juana Azurduy de Padilla no desaparecerán pronto, aunque mantenerlos durante muchos años sería admitir que la bonanza económica no sirvió para sacar a la gente de la pobreza. Los bonos, pagados por primera vez en Bolivia por uno gobierno de derecha, desaparecerán poco a poco. 

Pero no todo quedará petrificado. Es probable que en el próximo periodo cambien algunas cosas, pero en este caso depende mucho de quién gobierne. ¿Qué puede cambiar?

Mejor economía.- No soy experto en economía, pero una cosa es la bonanza y otra la administración de ella. En ese sentido, es casi seguro que el próximo gobierno se esforzará por liberar al país de la economía primaria y fomentará la iniciativa privada legal con el fin de crear empleos reales para redistribuir la riqueza vía sueldos dignos y no de sobrevivencia.

No despilfarro.- Si el próximo gobierno es austero, gastará menos en cosas banales, lujos de nuevos ricos, ostentaciones o construcciones innecesarias. Priorizará la salud, la educación, en definitiva, la vida. 

No oligarquías.- Si el próximo gobierno no tiene compromisos con grupos corporativos o empresariales, se cortarán privilegios a nuevas oligarquías para superar el compadrazgo de encubrimiento y complicidad practicado desde tiempos neoliberales para amasar fortunas desde la ilegalidad.

Democracia cualificada.- Si hay un gobierno con más horizonte democrático, entenderá que la democracia no sólo es redistribución de riqueza, sino también de poder para evitar su acumulación en un solo partido y una sola persona y terminar pariendo un déspota. 

Institucionalidad.- Si hay un gobierno con sentido real de que el Estado somos todos, entregará los cargos públicos a las personas más capaces. Dejará la improvisación o la militancia partidista para garantizar el derecho de las personas al buen servicio estatal.

Mejor Justicia.- Nunca antes había estado tan mal la justicia. Si hay un gobierno sin deseos de reproducirse en el poder y perseguir a los que piensan diferente, revolucionará los tribunales con las personas más justas (no con abogados militantes) para vencer la inflación legal con leyes que no se aplican.

Libertad de expresión.- Si el próximo gobierno fuera de mente abierta, fomentará las ideas y voces contrarias a su ideología y no las ahogará vetando publicidad estatal a medios independientes y descalificando periodistas, para armar un monopolio de medios gubernamentales y grupos de choque de propagandistas.   

Respeto a la Constitución.- Si el siguiente mandatario asume que en democracia la Constitución es un límite a su poder, garantizará la alternancia en la administración del Estado y no la violará las veces que quiera.

Como ven algunas cosas no cambiarán, pero otras puede que sí. El deseo por cristalizar estas últimas definirá el voto de los indecisos y puede cambiar el de aquellos que ya habían decidido su apoyo a algún partido. 

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JUAN, EVO Y SAMUEL

Andrés Gómez Vela

Las personas no siempre ven a sus prójimos como ellos quisieran ser vistos. Más aún en política, donde el espejo del poder devuelve, a veces, al político una imagen que no la tiene ante la mirada de los electores.

Por ejemplo, Evo Morales sigue despertando identidad y respaldo entre los suyos, pero ya no es sorprendente como en 2005. De tanto repetirse, su discurso ha envejecido en un escenario nuevo, aunque su imagen ha “rejuvenecido” para el Sport Boys, que lo fichó como jugador profesional de fútbol. Ya no embruja a las clases medias que le ayudaron a marcar récords electorales, pero sedujo a las oligarquías que resistieron sus primeros años de gobierno.

Ahora dice que tiene el apoyo de casi el 90% de los medios, ayer apenas tenía al quincenario Juguete Rabioso y recurría a ERBOL regularmente, como si fuera un corresponsal, para informar y opinar; hoy su gobierno la tiene vetada de todo acceso a la publicidad del Estado en franca violación a la Constitución. En este escenario, sus duros ataques a los periodistas son cada vez más increíbles, pero sigue siendo noticia por lo que dice. Su imagen revolucionaria viste en 2014 traje conservador y “marketero”, pero sigue hablando de cambio. Cree que los electores creen todo lo que dice, pero desde que prometió públicamente que no iba a ir a la reelección su credibilidad se devaluó, porque mañana puede volver a violar la Constitución y romper otra vez su promesa de hoy.

Se presenta hábilmente como austero, pero es nuestro empleado más caro, no por el sueldo que le pagamos sino por el avión y los autos blindados que se compró sin consultarnos con $us44.921.000, además de otros gustitos. Su fanaticada dice que sigue trabajando 20 de 24 horas, sus adversarios señalan que juega fútbol y viaja 20 de 24 horas. Logró hacer pensar, incluso a algunos de sus propios contrincantes, que en Octubre ganará otra vez, pero en sus propias filas temen sorpresas. 

Y… ¿Qué decir de Juan del Granado? Se presenta como nacional, pero lo ven como regional. Sus seguidores lo muestran como fuerte y vital, sus adversarios dicen que ya está cansadito. Desde las filas de la oposición aseguran que no tiene nada que ofrecer, pero tiene como su mejor carta de presentación su gran gestión de 10 años como Alcalde de La Paz, si dudan pregunten a su compadre Evo Morales. Su imagen sin miedo no asusta a los poderosos de hoy, pero mantiene su estampa de luchador.

Sus ofertas son ambiguas para el elector que espera la ruptura con el actual proceso al que contribuyó, pero para la gente que quiere la reconducción es el adecuado; en cambio, para los furibundos opositores al “régimen evista”, es un sin miedo del MAS.

Juan se presenta humilde, pero lo ven soberbio. Habla con Rubén, Ernesto, pero no le da ni la hora a Samuel, aunque tienen los mismos genes políticos: el MIR. Su barra dice que será la sorpresa porque capitalizará el voto de la clase media desencantada, donde el color de piel dejó de ser etnia para ser clase. Sus adversarios vaticinan que se jubilará el 12 de octubre, él está seguro que será Presidente.

En tanto, Samuel busca superar su imagen sosa, aunque dice que el carisma no es necesario para ganar elecciones. Su última frase: “Carajo no me puedo morir” inspiró decenas de memes, pero no miles de votos. Se esfuerza por convencer que superó la pobreza hasta ser un empresario ejemplar, pero pocos creen ese cuento de hadas. Cada vez que busca borrar su pasado, sus adversarios le pronuncian una mala palabra: privatización.

Su hinchada repite y repite su historia de siete vidas para presentarlo como “el elegido” o “destinado” para algo grande, pero le responden que “hierba mala nunca muere”. Dice que tiene un partido, le contestan que tiene una empresa con empleados militantes.  Cree en encuestas, pero las elecciones se ganan con votos. Es porfiado, pierde elecciones, pero se vuelve a presentar; lo aplastan en las urnas, pero se vuelve a presentar. Da la impresión de que la política es su hobby y no desea que lo vean como empresario que aprovechará la Presidencia para enriquecerse más, pero lo ven.

Estoy seguro que tú tienes una mirada diferente a la mía y si compartes algo, es una mera coincidencia.
 
Al final votaremos no por lo que ellos creen que son, sino por lo que nosotros creemos que son.

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