El Púlpito

LA SEMANA SANTA, CAMINO A LA ESPERANZA

Guillermo Siles Paz, OMI

Estamos ya prontos para revivir la experiencia de la Semana Santa, y justo en un contexto nuevo, el jubileo de la misericordia. De hecho los contenidos que estamos viviendo en el jubileo, que el Papa Francisco no invitó a vivir, nos llevan a una experiencia profunda de conversión, mirando al otro con compasión y misericordia.
Para todos los cristianos la semana santa es una experiencia de recogimiento, de volver a sentir de cerca todo lo que vivió nuestro Señor Jesucristo y así, unirnos a su pasión, muerte y resurrección. El contexto del Jubileo abrió nuevos horizontes de vida. Nos motiva a la necesidad de vivir el perdón y la reconciliación, de tal forma que nos unamos al dolor del que sufre porque nuestro Señor se dejaba interpelar. Por eso, en el tiempo de cuaresma logramos comprender la necesidad de unirnos al dolor del hermano, a las necesidades del marginado, y adherirnos a los pobres en sus angustias, siendo ahí un signo de esperanza y alegría.
La semana santa nos hace vivir todo el Misterio de Cristo. Desde su ingreso triunfal a Jerusalén hasta el día de la resurrección. Es una semana única y profunda. Cada símbolo nos empuja a vivir el verdadero significado de nuestra fe. La pasión, muerte y resurrección de Jesús, nos hace nuevos y nos anima a seguir esperando, para ser resucitados.
El domingo de Ramos es la apertura para quienes participamos y nos unimos al pueblo, en la esperanza de ver a Jesús como el mesías, el Señor.  Muchos recibirán la bendición sobre las palmas y así nos unimos vivir el mismo misterio de Cristo.  El jueves, viernes y sábado, lo llamamos triduo pascual.  Ya el papa Francisco, el año pasado nos decía que el triduo pascual: “es el culmen de todo el año litúrgico y también el culmen de nuestra vida cristiana”. 
Cada día tiene un significado, el jueves es la noche en que ofrecemos la última cena, la institucionalización de la eucaristía. La noche en que Jesús nos deja el gran símbolo del compartir, para que siempre lo recordemos, para que lo hagamos presente. Es la noche del lavado de los pies, que es el mismo Cristo que nos invita a ser humildes y serviciales en toda la vida cristiana. Es la noche de compartir hasta que él vuelva.
El viernes Santo todos nos unimos a la pasión, a subir con él al calvario, al lugar del silencio. Es el día en que nos unimos al dolor del pueblo, a aceptar que Nuestro Señor no se aferró a su condición divina, sino que se hizo hombre y padeció en la cruz. Experimentamos las consecuencias de su amor que le llevó hasta entregar su propia vida. La cruz será el signo que nos quedará sellado en nuestro corazón para unirnos en todo tiempo a su pasión.
El Sábado Santo, vivimos el silencio de Dios, el tiempo de resignación, de saber que él fue un derrotado, que luchó y perdió, cayó a las tinieblas. Es el día oscuro, Jesús ahí en la cruz elevada gritando compasión, pero el silencio y fortaleza de María nos motiva a estar atentos hasta el último momento. Ahí está el sepulcro, donde yace Jesús sin vida, pero nosotros estamos, tal vez replicando sus palabras, que al tercer día volverá triunfando.  Por eso que ya al final del día, cuando estamos unidos, nos vienen las palabras de Jesús, que volvamos a recordar sus promesas.
Mientras volvemos a sentir el misterio de Cristo, nos sumergimos a recordar la historia de Salvación y poco a poco nos abrimos a vivir nuevamente la irrupción de Jesús en nuestra historia. La vigilia Pascual nos traerá, a Jesús que vence la muerte y vuelve a estar en medio nuestro. Es la noche bendita y sagrada, la noche en que Dios nos ofrece la vida nueva. Él se levanta dentro los muertos y nos ofrece el mismo camino. Ya no está entre los muertos, ha resucitado, y será comunicado a las mujeres. El secreto mesiánico se hizo vida.
Por lo tanto la Semana santa será para todo cristiano el centro y fundamento de toda la fe. El cristiano ya no puede mirar hacia atrás, sino mirar de frente a la vida. Si Jesús vence la muerte, si derrota lo que indigna al hombre, entonces tenemos el mismo camino, un camino de esperanza, porque la promesa se hizo vida. Aquí el kerigma y la vida pública de Jesús cobran sentido. Todo lo que Jesús nos enseñó, se hace motor de la vida del hombre. Aquí comprendemos que el resucitado es el crucificado, que pasó por el dolor para hacernos gozar la esperanza cristiana.

 

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NOCHE DE PAZ Y AMOR, NOCHE DEL SALVADOR

Guillermo Siles Paz, OMI

Las horas avanzan y nos trae a nuestra mente muchas imágenes, propias de este tiempo. Nos viene la nostalgia de la navidad que viví, aquella que siempre soñé o con la expectativa de la navidad que viviré. Ya contamos los segundos para que llegue la media noche, par que en familia estemos unidos y felices brindar, de comer la comida más tradicional, de abrir nuestros regalos y decirnos, felicidades, muchas prosperidades.

Es una noche buena que nos recuerda todo lo que pusimos en el pesebre, historia, tradición, costumbres. Ahí está nuestra fe, ahí está nuestro amor. EL pesebre fue construido por varias manos, los hijos, los padres, los parientes. Muchos se acercaron para poner alguna decoración o detalle y hacer bella la noche más bonita de la familia. La noche buena, que es la Navidad, el nacimiento de nuestro salvador. La noche de paz, la noche de amor.

Tal vez, año que pasa, tenemos que explicar muchos detalles a los nuevos ciudadanos de este planeta. Nuestros contextos son nuevas realidades, ahí tiene su sentido, también en la Navidad. Ahí están los padres, ahí están los abuelos, que como en las películas de familia, ellos explican con paciencia y mucha imaginación la presencia de cada uno de los personajes. El pesebre se constituye en el centro de la noche. Tal vez la abuela dirá a los niños, ahí está Jesús recen, persígnense, adórenlo.  Pero los niños están más atentos a sus regalos.

No podemos olvidar  donde nacieron los pesebres. Fue San Francisco de Asís, que por los años 1223, construyó el primer pesebre en su pueblito llamado Greccio, en Italia.  La tradición nos dice que San Francisco Asís quería que la gente comprenda como Dios se hizo humano, y recurrió al Evangelio de San Lucas, que nos cuenta, cómo nació Jesús. Puso todos los personajes que están implicados en el nacimiento de Jesús. Desde entonces, en muchas partes del mundo,  armamos un pesebre, ya se hizo parte de la tradición de la fe cristiana.

En esta noche de paz y noche de amor. Será importante mirar a fondo el pesebre. No existen causalidades, sino una realidad que en su tiempo nos marcó.

El pesebre es la construcción visual, de la encarnación de Dios en el pueblo, es decir, cómo Dios se hace humano en nuestra realidad. El pesebre pone en contexto nuestra esperanza de que Dios se ponga delante de nosotros, para hacer que nuestra historia marque su sentido de liberación y de cambio permanente. Si nace pobre es para levantar al mismo pobre, no para hacer más pobres.

En cada cultura se fueron enfatizando algunos elementos. Muchas veces estamos condicionados por la comprensión de Dios, de la imagen que tenemos de Dios. Frente a algunas confusiones, será necesario contemplar, a cada uno de las personas que son testigo de la revelación. Ahí podemos ver primero a un Dios que hace historia y su contexto del nacimiento marca una referencia de la acción de Dios para los pueblos.

El centro del pesebre tiene a Jesús, María y José.  Al mirar a María, que al decir “sí”, permitió que la historia de la salvación se cumpla. Dios cumple su palabra y se hace hombre por el “sí” de María. Al contemplar a José, que acepta la condición en la que nacerá el Salvador, él recibirá la revelación y se hace obediente para aceptar al Mesías, al Señor.  El recién nacido,  el niño Jesús, es el que tenía que llegar, es el esperado, es nuestro Salvador, que nace pobre marginado, excluido y perseguido. Recordemos que Lucas nos dice que no había una posada, un albergue, una residencia, no tenía dónde nacer. Esto lo remarcan los evangelios-

La noche de paz, noche de amor, es la noche del Salvador. Jesús, que significa, el Salvador, es Dios hecho carne, se hace uno de nosotros, se hace parte de un pueblo. Nace entre los pobres y su primera cuna, es la de cualquier pobre de su tiempo. Esto hace que el punto de partida de la historia de la salvación sea en medio de la pobreza extrema, de la exclusión y marginamiento. Dios se hace hombre y pobre para dignificar al pobre y al excluido. Hoy esta es nuestra navidad.

 

 

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TIEMPO DE MISERICORDIA

Guillermo Siles Paz, OMI

El Evangelio de San Lucas nos ofrece muchos textos para vivir este año, la misericordia de Dios, porque como nos dicen en Lc. 1,54,  “Dios de acordó de su Misericordia”. Hoy es nuestro tiempo para vivir esa misericordia.

Con el Adviento del nuevo año, iniciamos en la Iglesia Católica el momento espiritual de la celebración de la primera venida del Nuestro Salvador Jesús a de la Humanidad y también de su espera gozosa al final de los tiempos, cuando se hará plena la presencia de su Reino en el mundo.

Será un tiempo muy especial para vivir un tiempo de misericordia, es decir, un tiempo de reflexión y de conversión hacia la Misericordia Divina. El Santo Padre Francisco, lo anuncio el 8 de diciembre como el inicio del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Para que abramos nuestros corazones al amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,  y para vivir nuestro camino de fe, que nos haga también misericordiosos como los es nuestro Padre  Dios.

Hoy todos estamos llamados a ser misioneros de la misericordia, del perdón de Dios, partamos desde nuestra propia vida, ya San Pablo nos decía en 1Tmo. 1, 1-4: “He alcanzado misericordia de parte de Dios”.

Volvamos al Señor de la Misericordia

Estamos necesitados de vivir este Adviento tan especial en familia, en las parroquias, y en la sociedad. Es un “tiempo de la conversión”: Es muy apropiado de recibir al Dios de la Vida que se nos viene en Navidad, con un corazón lleno de amor de perdón de reconciliación.  Dejar de lado todos los resentimientos, odios y desprecio al hermano.

Es siempre necesario estar atentos a todos los símbolos que recibimos en estos días, los mensajes, reflexiones y anuncios de la llegada del Señor, nos trae una esperanza.

Es por lo tanto una espera de conversión a la misericordia de Dios, acogiendo con amor al que se equivocó, al que cayó en pecado, o al que aún, no puede controlar sus debilidades. Es un tiempo para asumir esos gestos de la paternidad de Dios, llenos de ternura, acogida y perdón.

Esperar a Jesús con Misericordia y solidaridad

Todos estos años sentimos como estamos viviendo nuestra realidad, unas veces nos dicen que en bonanza económica, otras en precariedad. Lo que si vivimos una situación donde nos exige despojarnos de muchas ataduras. Es necesaria una mayor atención a las realidades circundantes, cercanas, muy relacionadas a nosotros. Necesitamos mirarnos y sensibilizarnos.

Aún vivimos realidades que debemos de mejorar, existen aún pobres que necesitan nuestra sensibilidad, aquellos que aun pasan hambre y desnutrición; miles de enfermos que no pueden acceder a un seguro médico digno, miles de ancianos que esperan ser tratados con dignidad. A esto pongámonos a pensar. ¿Cuantas personas hoy son víctimas de la violencia, de la delincuencia, de las redes del narcotráfico, que hoy silenciosamente crece en nuestro país?, Hoy hay un grito de miles de excluidos que quieren que escuchemos su voz. ¿Que hacemos?

Hoy con mayor razón necesitamos de la solidaridad hacia todos los dramas humanos. Necesitamos de partir y  conmovernos antes todas las victimas del sistema y dejar de ser indiferentes. Dios clama todos los días por el pobre, pidiéndonos que seamos solidarios y que escuchemos su voz.

Este ambiente del adviento es siempre apropiado para vivir signos de la misericordia. Acerquémonos a los que sufren en el cuerpo y en el espíritu, hagamos obras de misericordias corporales y espirituales. Abramos el corazón al perdón y reconciliación. Porque es tiempo de misericordia.

 

 

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"EL CARDENAL JULIO SE NOS FUE"

Guillermo Siles Paz, OMI

Le conocí muy de cerca,  en mi ciudad natal Oruro, él era nuestro obispo. Le conocí justo en mi adolescencia, él había llegado en marzo del 1982. Él nos promovió para formar los diferentes grupos juveniles de la parroquia.

Nos había dicho, “Yo soy responsable para esta misión entre los jóvenes,  es un trabajo que me dan en la conferencia episcopal” y ciertamente era así muy animado y jovial con los jóvenes.

En noviembre de ese año recibí, de sus manos,  el sacramento de la confirmación. Que honor, que alegría para mí. Desde ese momento me hice su amigo, porque no decirlo, su discípulo. Todo lo que decía y hacia, me llamaba la atención.

Estando en los grupos juveniles entendimos de la necesidad de hacer que la juventud sea protagónica, que no se queden mirando pasivamente, sino que tengamos la necesidad de desafiarnos cada día.

En la diócesis de Oruro,  la pastoral juvenil fue fuerte, dinámica y muy participativa, éramos como un motor, una trinchera para vivir la fe desde la realidad. Éramos los soldados de Cristo, los preferidos de Dios. Nos recordaba que ya en la Asamblea de los Obispos en Puebla, se hizo la opción preferencial por los jóvenes y por lo pobres.  Así me deje cautivar por el Cardenal Julio. 

Ya posteriormente entre al seminario,  ahí fue otro momento de mi vida.  Yo ingresé como Misionero Oblato de María Inmaculada, pero estaba en el propedéutico nacional y él se sorprendió verme, mi párroco, Padre Andrés de Roo, estaba molesto porque no había ingresado como diocesano, sino como misionero oblato.

El obispo tuvo que decirme, que le generé un problema. Sin embargo me dijo, “que bueno, que hayas escuchado el llamado del Señor. Ojalá aprendas a servir al Pueblo sencillamente. Me dijo, nunca olvides tus raíces y a tu pueblo”.

Para mí el cardenal Julio siempre fue un maestro, un amigo porque supo aceptarme y motivarme. Ya de seminarista y cuando visitaba mi casa, lo primero que hacía, era visitarle en su casa y hablábamos de muchas cosas. Ahí me contaba de su pasado en la Sede de Gobierno, La Paz,  fue una etapa muy importante.

Estaba tan impactado por la muerte de Luis Espinal, que le ha marcado en muchas cosas de su vida, era el obispo auxiliar. Estando en La Paz y vivió toda la dictadura de García Mesa, pudo visitar a las familias de perseguidos, negociar la liberación de algunos presos, presidió la misa de despedida a Lucho.

Miró de cerca la persecución política de ese momento. Se unió a muchos ciudadanos gritando por democracia, llamando a vivir en libertad.

Obispo de los mineros.

Estando en Oruro tuvo que insertarse en la doble realidad de esta diócesis, minera y campesina. En su tiempo, él fomentó mucho las comunidades eclesiales de base, permitió que se reúnan durante tres días anualmente, en junta, para vivir su fe. Promovió la pastoral minera, acompañando a todos centros mineros y los agrupo en una pastoral dinámica que dialogaba con la otra diócesis vecina de Potosí.

Cuantas veces le tocó lidiar con la realidad local, como regional. Tuvo frecuentes intervenciones en los conflictos mineros, acompañó en sus preocupaciones y esperanzas de miles de ellos que ansiaban su presencia. A tanto así que le digieren que era el obispo minero.

A él le toco vivir el drama minero, nunca pudo imaginar, ver a miles de obreros y mineros, llorar como niños. Le tocó mirar de cerca como los diferentes campamentos mineros iban vaciándose. Fue testigo de la famosa relocalización y de la Marcha por la vida.

Él era el presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana, su llamado profético y directo al gobierno de Víctor Paz, no tuvo efecto. El obispo de Oruro se puso al lado de los pobres, vivió junto con los mineros, la frustración de ver a miles de familias abandonar sus casas e ir en busca de días mejores, a otras ciudades. Se encarnó tanto que lloró en Huanuni, cuando hizo la visita con pastoral social. 

Su llamado a la derogación del decreto supremo 21060 era contundente, era directo, pero no logró parar, sino le tocó ser testigo del drama de miles de obreros que dejaban sus pueblos.

Dejemos interpelar por la realidad.

El año 1987 yo estaba haciendo mi noviciado en la periferia marginada de Asunción, en el barrio Cañada. Justo ese año el CELAM tuvo una reunión en Asunción y el conjuntamente con el obispo de Potosí, Mons. Edmundo Abastoflor, visitaron nuestro noviciado Latinoamericano Oblato.

Ambos, sin ningún problema, caminaron por varios minutos, por el barrio más pobre de Asunción y quedaban profundamente interpelados por la realidad. No podían imaginar lo que se veía en el camino, pero también pudieron constatar la alegría de los paraguayos.

Ya en medio de nosotros el cardenal Julio inicio un profundo diálogo sobre la cultura, sobre la teología india, sobre la teología del clamor popular, sobre Jesucristo liberador y solidario. Ambos obispos nos interpelaban con sus preguntas. A tanto así que todos los novicios, venidos de otros países de América Latina, quedaron impactados de su visión y la mirada misionera de la vocación. 

Con Juan Pablo Mensajero de la Paz.

Varias fueron las intervenciones del Obispo de Oruro, porque siendo presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana, lideró toda la visita de Juan Pablo II a Bolivia. El acompañó todos los eventos, haciéndose testigo la vida de la Iglesia. Podríamos recuperar muchos discursos del Obispo, sin embargo lo que marcó es su sencillez y diligencia a lado del Santo Padre.

Podría decir, que con la llegada del Papa Juan Pablo II, selló su imagen de un profética  comprometido con los pobres. Los momentos más fuertes, de toda la visita del Papa, lo vivió en Oruro, porque fue testigo del clamor popular, de ver cómo una mujer se acercó al papa y le ofreció un olla vacía, gritando por el hambre del pueblo y por la falta de trabajo. Ahí un minero de Catavi. Juan Alborta, le puso al Papa un guarda tojo, casco minero, en el cual expresa el apoyo que el mismo obispo daba a la pastoral minera.

Abandonó Oruro para encarnarse en Santa Cruz.

Parece que la salud le hizo una mala jugada. Le vino un infarto cardiaco,  fue una alarma que le obligó dejar su sede episcopal, pero la gracia siempre le  acompañaba. A pocos meses fue nombrado arzobispo de la Arquidiócesis para servir a una iglesia emergente, dinámica y comprometida.

Desde que asumió el liderazgo de la Iglesia, ha mantenido firme los principios morales, éticos y humanos para caminar hacia la construcción de una sociedad más justa, humana, fraterna y solidaria.

Había pedido que fuera él quien me ordene como sacerdote, pero lamentablemente ya no podía llegar a, Oruro, mi ciudad natal, por lo que me escribió una bella carta en la que me motivo a vivir un sacerdocio de servicio, profético y misionero. Me recordó que la misión del sacerdote boliviano en la iglesia actual debe ser de presencia contemplativa y de vivir interpelados por la realidad de los pobres y sencillos.

Fueron muchos años de servicio comprometido y participativo. En Santa Cruz, construyó una iglesia viva y activa. Trabajó para muchas obras de servicio social. En su dinámica de la formación pastoral, miró a los laicos como corresponsables del caminar de la iglesia, por lo que hoy se tienen  muchos agentes de pastoral formados.

La condonación de la deuda externa.

Desde el año 1987 el Cardenal Julio,  profundizó la amistad que existía con las diócesis hermanas de Hildesheim y Tréveris, tal hermandad materializó una campaña latinoamericana por la condonación de la deuda externa. La Iglesia Boliviana trabajó desde el último rincón, para obtener firmas y concientizar a todos los bolivianos sobre la deuda externa. Él desde la misma conferencia episcopal diseño la estrategia Boliviana para exigir al Grupo de los 8 países más ricos, que se reuniría en Alemana el 1999, condonen nuestra deuda porque fue injusta.

Logramos recolectar miles de libros con firmas y los llevamos a Colonia Alemania, lugar donde el G 8 estaría reunido.  Yo como sacerdote era parte de la comitiva y compartimos este viaje a Alemania. Y también juntos participamos algunos conversatorios en Alemania, principalmente con la Hermandad de Hildesheim y Tréveris. Fuimos parte del evento principal ahí, a las orillas del rio Rin.

En medio de más de 50 mil personas. El arzobispo de Santa Cruz, estaba dando un discurso ovacionado a los venidos de todas partes del mundo.  Nunca olvido el abrazo tan efusivo que se dio, con el que también hoy es cardenal de Honduras, Oscar Rodríguez Madariaga

Su legado es de un pastor profético

El Cardenal julio siempre tuvo una voz de trueno. Como muchos profetas, el Cardenal Julio tenía una palabra firme, interpeladora y directa. Con mucha elocuencia denunciaba las injusticias y pecados existentes en la vida del pueblo como en las diferentes formas de actuar de los gobiernos de turno. Pero también con que dulzura y convicción  anunciaba la Palabra de Dios y la necesidad de dejar vivir al Dios de la vida.

El Cardenal, en sus mensajes y su teología, tuvo un progreso permanente es sus mensajes. En sus primeros años como obispo, estando tan de cerca la realidad de injusticia, su teología era del clamor popular, de buscar siempre un cristianismo muy comprometido y de buscar una coherencia evangélica.

Creía en un Dios de la vida, y que hoy la defiendo en medio de su pueblo. Creía en Jesucristo hecho hombre que vino a liberarnos de todas las injusticias. Pero también soñaba en una sociedad justa, humana y solidaria. Muchas veces incomodó, sobre todo al poder de turno.

Su amor a los pobres fue sincero y cercano, compartiendo su vida con los aimaras, los mineros y también con los diferentes grupos de indígenas del oriente, mostró claramente que la realidad del pobre estaba en sus diferentes mensajes.

Con sus llamados constantes a eliminar las injusticias, y denunciando la mala distribución de las riquezas.   Participó en varias oportunidades del Grupo de Amerindia y sobre todo apoyando la reflexión de la teología india.

Su participación en la IV Conferencia Latinoamericana del Episcopado Latinoamérica, en Santo Domingo, cuando llevó un documento de Bolivia que hoy es un legado imperecedero para la Iglesia boliviana. 

Ya como cardenal tuvo un mayor protagonismo en América Latina, sobretodo promoviendo la Justicia y Solidaridad. Él tenía una buena formación en doctrina Social de la Iglesia, por eso impulsó una pastoral social que promovía la defensa de la vida y solidaridad, para que la promoción humana, sea integral y liberación.

Su presencia en la iglesia hoy mantiene latente toda su personalidad, su serenidad y participación. Siempre presentó una actitud de diálogo, de discusión y de búsqueda de días mejores.  Sin ningún problema tomaba posición por el débil, por el excluido y porque la justicia social se implante. 

Su actitud sincera y transparente logró que en la iglesia sea tan querido. Todos los domingos, esperaban su mensaje lleno de amor y compromiso. Nadie puede negar, la gran lucidez y fortaleza. Esa energía lo transmitía a toda la iglesia. 

Hoy Dios le da el espacio prometido, aquel que siempre creyó. El Dios de la vida le acoge con los brazos abiertos, para darle el gozo eterno.

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YO TAMBIEN QUIERO RESUCITAR

Guillermo Siles Paz, OMI

Tan bella la experiencia que nos hace vivir Jesús, con su misterio de vida. Que bello momento para poder descifrar los detalles del misterio de la salvación. A veces podemos tener una impresión simple, como un hecho importante de la fe, ignorando el significado real de la transformación que nos deja Dios.  La comprensión de su misterio de muerte y resurrección, es algo fundamental; trasciende nuestra fe, como la de toda humanidad.

El triunfo de la vida sobre la muerte, es la primicia para enfrentarnos a todos los signos de muerte hoy. Dios lo pudo con su propia muerte y nosotros estamos confrontados con los problemas y debilidades de hoy. No puede quedarse con un consuelo superficial ante las debilidades humanas, sino que esta primicia es fortaleza de la mirada futura de transformación. Dios lo quiso así.

El relato de la resurrección de Jesús, en los Evangelios es incluyente, fueron las mujeres y de madrugada, antes salga el sol,  se convirtieron en las primeras testigos de la resurrección de Jesús. Lo evidente fue que encontraron la piedra del sepulcro movida. Entraron y no lo vieron, solo todo estaba ordenado. A eso se suma la presencia del  discípulo amado, que cuando entró, vio y creyó. Todavía no habían entendido que según las escrituras, Jesús debía resucitar de entre los muertos.    

De esta forma se nos presenta, “la promesa estaba cumplida”. Al tercer día resucitaría de entre los muertos y así fue. Jesús se constituye en la promesa cumplida, es la pascua viva para nosotros. Con esto Jesús había logrado dar ese paso de derrotar ya aquello que humilla, bajonea y deprime al hombre, la muerte.

El pueblo de Israel celebraba la pascua de la liberación de su esclavitud, pero esa pascua en Cristo se transforma en una nueva pascua, en el paso de la muerte a la vida. La Pascua de Jesús es el paso que derrota, también en nosotros, esas cruces que nos humillan, excluyen, marginan y hacen que el hombre este sometido.  Jesús con su irrupción a vida nos da una  nueva pascua. 

Ahí está, por lo tanto una nueva comprensión, lo que para los griegos es una burla, para los que entienden los misterios de Dios, es la certeza de la promesa de Dios. La Pascua de Jesús no es un triunfo de nada, sino la experiencia de la entrega total del Dios que nos da todo. La Pascua de Jesús es el triunfo de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio, del perdón sobre el rencor, de la entrega sobre el egoísmo, de la reconciliación sobre la división.

La Pascua de Jesús, su resurrección no es acto revanchista de Dios, ni una demostración de su soberana omnipotencia, es pura cuestión de opciones, el auténtico Dios, apostó por la vida, el amor, la libertad, la justicia, Jesús hizo lo mismo a ese proyecto le apostó para transformarlo.

La primicia de la resurrección nos lo dio el Hijo de Dios que compartió nuestra vida, nos enseñó cómo transformarla. Su resurrección da sentido a la Buena Noticia, al proyecto de construir el Reino de Dios entre nosotros.  

La pascua es la referencia plena, de construir nuestro camino en Dios. Es el momento que nosotros deberíamos de pensar en hacer visible todo lo que Dios quiere para la humanidad. Ese amaos los unos a los otros, como Jesús lo hizo, debe ser la herramienta de mirar humildemente los paso de una conversión continua.

Otro detalles de este día es el ser testigos, y lo seremos de este nuestro Dios de la vida, que es la mayor referencia en nuestro camino. Hoy somos testigos de un Jesús que se entregó hasta las últimas consecuencias, para dar vida y sentido a toda nuestra vida.

Vivir la Pascua nos compromete en cambiar todas esas realidades de muerte, en vida plena.  Dios se ha puesto a lado de la vida. Ahora nos toca, a muchos de nosotros, ser defensores de la vida.  El Reino de Dios es también nuestra responsabilidad, porque es una exigencia del Resucitado.

P. Guillermo Siles Paz, OMI, es misionero y comunicador social

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EL PESEBRE ESPERA LA VIDA

Guillermo Siles Paz, OMI

Estos días, hay preocupación por poner un pesebre, sea en casa, en la oficina, en las plazas, etc.  La mayoría de los diseños son muy parecido al que había diseñado San Francisco de Asís, por los años 1223, justo en un pueblito llamado Greccio, en Italia.  La historia dice, que San Francisco Asís quería que la gente entienda el Evangelio de San Lucas, que nos cuenta, cómo nació Jesús. El hizo, lo que hoy llamamos el pesebre viviente, es decir una dramatización, tuvo un grato efecto. Desde entonces en muchas partes del mundo,  hacer un pesebre, se hizo parte de la tradición cristiana.

Pero es necesario tomar en cuenta algunos detalles. Yo siempre pienso en lo que mi profesor de Biblia, el ilustre Dr. Oscar Uzin, nos decía; Muchos confunden al momento de armar el pesebre, mesclamos a los pastorcitos y magos, cuando los contextos son diferentes. Los pastorcitos, que nos habla San Lucas, son los vecinos de los alrededores de Belén. Mientras que los Magos, que nos habla San Mateo, son de Oriente. Este detalle nos ayuda a entender la importancia de este acontecimiento. San Lucas nos enfatiza que el Salvador nació entre los pobres y San Mateo, nos dice que su mensaje llegó a los confines de la tierra. Por lo tanto el nacimiento de Jesús irrumpe los pueblos, inclusive en Oriente, que fue sorpresa, inclusive de las autoridades de su tiempo.

En cada tiempo los pesebres tienen una simbología muy propia de los contextos históricos, sociales y geográficos. Decir que, el Salvador nace en medio de nuestros pueblos, es suficiente para diseñar y organizar como lo queremos recordar a Dios, que se hace historia en donde tú habitas.

El pesebre es la construcción visual, de cómo Dios se ha encarnado en el pueblo, cómo Dios se hace humano en nuestra realidad, pero no para ser admirado, sino para decir, cómo  Dios hoy mira mi realidad y la realidad de nuestros pueblos. El pesebre pone en contexto nuestra esperanza de que Dios se ponga delante nosotros, para hacer que nuestra historia marque su sentido de liberación y de cambio permanente.

En cada cultura se fueron enfatizando algunos elementos. Muchas veces estamos condicionados por la comprensión de Dios, de la imagen que tenemos de Dios. Frente a algunas confusiones, será necesario contemplar, a cada uno de las personas que son testigo de la revelación. Por ejemplo mirar a María que su “sí” permitió que la historia de la salvación se cumpla. Dios cumple su palabra y se hace hombre, por su “sí” de María. Otro personaje es José que acepta la condición en la que nacerá el Salvador. El recibió la revelación y se hace obediente para aceptar al Mesías el Señor. Pero el personaje principal es el niño Jesús, recién nacido, nuestro Salvador que desde pequeño ya será marginado, excluido, no tendrá donde nacer, o también pronto será perseguido.

Jesús, que significa, el Salvador, es Dios hecho carne, se hace uno de nosotros, se hace parte de un pueblo. Nace entre los pobres y su primera cuna es la de cualquier pobre de su tiempo. Aunque hay un gran detalle que marca toda diferencia, aún en su tiempo, los niños nacían en mejores condiciones, no en un potrero. Esto hace que el punto de partida de la historia de la salvación sea en medio de la pobreza extrema, de la exclusión y marginamiento. Dios se hace hombre y pobre para dignificar al pobre y al excluido.

Por eso todos los pesebres expresan la Buena Noticia en muchos sentidos. Porque Dios cumple su palabra al dignificar a la humanidad y Dios está con nosotros, hecho carne.

Al contemplar los pesebres hoy, debemos de asumir algunas realidades de este misterio de nuestra fe. Asumir, al igual que María y José de ser obedientes para aceptar la voluntad de Dios.  Porque Dios sigue naciendo en medio de nuestros pueblos, sique dándonos esperanza, para construir valores en la familia y en medio de la sociedad.

No permitamos que nos saquen a Dios de nuestras vidas, no permitamos que saquen a Jesús del Pesebre. Es que, si Dios es el centro de este evento salvífico, dejemos de mirar y empecemos actuar.

Guillermo Siles es misionero y comunicador social.

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TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

Guillermo Siles Paz, OMI

La teología de la liberación, que para algunos fue considerada teología diabólica, hoy está en un proceso de reflexión y aceptación, sobre todo en los ambientes cupulares de la Iglesia Católica porque el mismo Papa Francisco hace mención a la transformación de una Iglesia que tiene compasión y conversión hacia los pobres, “Para la iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica. Dios le otorga -su primera misericordia”. (EG.198)

El mismo, Cardenal Gerhard Müller editó un libro junto a Gustavo Gutiérrez en Roma, titulado “Del lado de los pobres: Teología de la Liberación”. Y en Chile recientemente se presento el libro “teología de la liberación en Prospectiva”, que habla de cómo la teología de la liberación goza de buena salud. Al parecer el ambiente es positivo. Es que se quiere superar algunas tensiones. 

A la Teología de la liberación muchos lo condenaron sin conocerla, y hoy la miran como una novedad. La Teología de la liberación es una propuesta de la reflexión teológica desde América Latina, hecha desde las favelas, desde las villas miserias, desde la exclusión. Coincidiendo con esta realidad, el Papa tiene una preocupación hoy, que la reflexión teológica sea desde la realidad. Lo insiste en varios espacios, recientemente el Papa dijo: “existen simples viejecitas que hablan mejor que los teólogos”.  Pero la más concreta es cuando el Papa advierte a los teólogos en su Exhortación Evangelii Gaudium “que no se contenten con una teología de escritorio”.

Seguro que hubo algunos errores y algunas malas interpretaciones, pero decir que no es teología, es ningunear, menospreciar la reflexión teológica Latinoamericana. La historia de la Salvación, está presente hoy y siempre, pero hoy cómo vemos los signos de los tiempos. Todos sabemos que la teología ha producido conocimiento, su reflexión es producto de la experiencia de Dios, en la vida del pueblo y de los pobres.

Algunos dicen que la teología de la liberación ya es una reflexión vieja y sus fundadores no existen. Con este argumento, todo lo viejo y antiguo debería de estar echada, marginada y descartada de la reflexión. Pero no es así, el magisterio de la iglesia es el soporte orientador, que logra mantener en la historia muchas de las verdades fundamentales del caminar y reflexión teológicos de la Iglesia.

En América latina hoy, pareciera que se ha paralizado la reflexión, en sintonía del caminar histórico de la comunidad y de los pueblos. Pero no es así, hoy las conclusiones del Vaticano II tiene un nuevo sentido, su relectura desde el contexto actual, hace que la reflexión de miles de pastores reunidos hace mas de 50 años, sea portadora de transformar la nueva realidad, como que los signos de los tiempos están exigiendo a que la reflexión teología estén encarnada en la vivencia y realidad de todos los laicos y laicas de la Iglesia
En Bolivia, la teología de la liberación se vivió principalmente, en la interpretación de las conclusiones de Concilio Vaticano II, que logró una apertura a nuevas reflexiones teológicas en el mundo moderno, sobre todo un enfoque desde la realidad del laico y de la misma iglesia  para celebrar la vida.

América Latina, a través del  Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM),  en diferentes conferencias, dio lineamientos que profundizaron la opción preferencial por los pobres. Sobre todo Medellín y Puebla.

Bolivia, parte del continente americano caminó en sintonía, de vivir los cambios fundamentales que tanto Medellín y Puebla exigieron una iglesia más comprometida. Si bien es cierto no hubo mucho conflicto porque la iglesia en el país estaba al servicio de los clases más desposeídas y trabajaron para que ellos salgan de la pobreza. Además, no podemos ignorar que nos encontrábamos en un ambiente de tensiones del Norte y Sur, y en Bolivia en medio de la dictadura militar.

Varios teólogos, pastores, sacerdotes y laicos tomaron una posición frontal a las dictaduras y la violencia, y ante la persecución y el sometimiento a los pobres. Es más, la mayoría de los documentos de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) expresaronn la defensa clara de la libertad, la justicia, la solidaridad, porque estaban identificados con los pobres, con los “rostros sufrientes de  campesinos e indígenas”. La iglesia estuvo siempre comprometida en búsqueda de la transformación de los pobres y de la injusticia.  Escucharon el clamor popular.

Entonces, la teología de la liberación fue cuestionada por la interpretación sociológica de los pobres y no bíblico; además de incorporar en la reflexión el análisis crítico, histórico y dialéctico. Esta situación fue considerada como la penetración del marxismo en la reflexión teológica, aunque eso no fue lo fundamental sino el sentido de confrontación.

Muchas veces, en medio de las comunidades eclesiales de base, (CEBs) se logró la necesidad de tomar posesión frente a las injusticias para derrotar las estructuras del pecado.  Había la necesidad de actuar y ahí estaba el conflicto. En Bolivia no hubo muchos conflictos porque la misma iglesia era mucho más popular. La iglesia respondía al sentir del pueblo, al grito y la angustia de los pobres.

La teología de la liberación, se tradujo en la teología del clamor popular. La reflexión principal fue coadyuvar para que los pobres busquen alternativas para salir de la pobreza y no mirar desde el palco, sino que las causas de la miseria fueron atacadas para promover la transformación estructural.

Estos ideales de la búsqueda de lucha contra la pobreza, la desigualdad y la injusticia se mantiene viva en varios espacios de la iglesia que busca la transformación; entonces, tal vez el nombre de la teología de la liberación no sea necesario usarla para evitar confrontación porque tampoco es endemoniada la búsqueda de la equidad, justicia y libertad.   

Guillermo Siles Paz es misionero Oblato y comunicador social

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TODO SANTOS: MEMORIA, ENCUENTRO Y ESPERANZA

Guillermo Siles Paz, OMI.

Ya estamos listos para vivir nuevamente la experiencia de nuestras tradiciones y construir los espacios de nuestra fe. El día de los difuntos siempre nos lleva a mirar la vida, más allá de la muerte. Nos lleva a escudriñar nuestro futuro, mirando cada detalle de la misma vida. 

Sabemos que esta fiesta es doble, el día de los santos y de los difuntos. Por una parte, la tradición cristiana católica, celebra el día de los santos, es decir, recuerda a todas las personas que llegaron a la plenitud de su vida, llenos de Dios, que fueron declarados Bienaventurados y Santificados. Por otra parte esta la tradición cultural y religiosa de los difuntos.  Este día nos recuerda a todos nuestros seres queridos, que hoy ya gozan de Dios. 

Pese a esta comprensión, la fiesta se ha convertido en una sola, en la fiesta de todos los santos. Para muchos de nosotros, nuestros muertos son también santos. Será por eso que es una única fiesta que se celebra varios días, en medio de una infinidad de símbolos entremezclados, y viviendo una simbiosis entre la cultura y la fe. 

Hoy cómo podemos vivir y revivir este momento de todos los santos y difuntos. Esta celebración, simplemente lo puedo concentrar en una Gran fiesta que celebra la memoria, el encuentro y la esperanza. Justamente porque mirando todo lo que pasa en estos días, nos damos cuenta que concentra, en su interior, estos grandes valores humanos y cristianos. 

La memoria se constituye en el gran valor que todos los pueblos y personas lo cultivamos. La memoria de saber que tuvimos seres queridos, con grandes valores profundos. Hoy nuestra memoria no nos deja olvidarlos, porque en nuestra vida han sellado, tal vez lo que somos. La memoria de nuestros seres queridos está presente. No queremos ignorarlos, cada vez los llevamos en momentos importantes y disfrutamos de sus enseñanzas. 

También a nuestra memoria llegan muchas personas que han sido leyenda, legado y modelo para nuestras propias vidas. Esos que dieron en su vida el valor, la ternura y su ejemplo, no los queremos olvidar y están presentes y son un motor para la construcción de nuestra propia vida. Si hacemos un poco de memoria, nos vendrán una lista grande, llenas de símbolos y aun sintiendo su presencia.  Simplemente diremos que hicieron muchas cosas para dejar su huella y que impactaron para no ser olvidados. Son una memoria que vive, no están muertos.

Pero esta fiesta también es un encuentro. El encuentro que se ha convertido en una gran oportunidad de compartir con la familia, con la comunidad y con los pueblos. Los preparativos para este encuentro son variados y llenos de símbolos. Preparar la mesa, el altar o la tumba, como lo dicen. Elaborar las diferentes masitas, comidas y confites. Todo aquello que los gustaba, preparar un gran banquete. Ahí las tradiciones se entremezclan, la realidad pluricultural se manifiesta, pero lo que no cambia es el objetivo, es preparar para el encuentro con nuestros fieles difuntos, nuestros santos. 

Cuando todo está listo, llegan los difuntos, llegan a la hora exacta, como nos lo dice la tradición. Llegan para quedarse unas horas, es el momento de nuestro encuentro, comparten con nosotros todo lo que se lo había preparado. Degustarán a su ritmo, pero nos harán sentir su presencia; su alma y su espíritu, está con nosotros.  

A este encuentro también acuden los familiares, amigos y conocidos. Este encuentro nos provoca rezar, pensar y recordarles. Entre rezos y comidas pasamos las horas. Muchos llegaron de otros pueblos, los que habían dejado la familia retornan; los que habían salidos en busca de días mejores, retornaron para encontrarse como hermanos. El fiel difunto tiene ese poder de reunirnos, de lograr este encuentro. Pero además algunos ajenos, visitan la casa para rezar, los familiares los acogen y comparten algo de lo que prepararon. 

Los fieles difuntos se quedaran las 24 horas para luego volver al mismo lugar de donde han venido. Al año siguiente le esperaremos y también les preparemos. Nos dejarán otras enseñanzas: en los pueblos fertilizaran las tierras y en el ser humano, la esperanza de volvernos a encontrar. 

Por eso esta fiesta está llena de esperanzas.  Aunque los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos. Porque siguen inspirándote e iluminando tu vida futura. Ellos viven lo que creyeron, la vida más allá de la muerte. Su alma es inmortal y por eso rompe todo espacio y tiempo. Muchos creyeron en Jesús, que nos dijo, que todo el come y bebe su sangre no morará jamás. Y todo el que cree en él, aunque haya muerto, vivirá. Esta es la esperanza, este es el camino que nos hace sentir, que más allá de mi muerte, encontraré la vida eterna. La promesa de Jesús, se hace vida.  

Aquí podemos decir, que la muerte no es una angustia, sino la espera en Dios. Nuestra fe nos lo dice: Dios nos promete, que nos preparará un lugar donde todos volveremos a encontrarnos. 

Hoy al vivir y revivir el día de los santos y de los difuntos es el tiempo de pensar en mi propia partida. Nos hace pensar, que un día nos uniremos a todos los que creen. Mientras tanto hoy trataremos de vivir y darle sentido a nuestra propia existencia, hasta que un día partamos para gozar de todas las promesas de Dios y de mis creencias. 

Los muertos no están muertos, viven y te acompañan.  Dios te ofrece la vida eterna, esa es la gran esperanza. 

 

Guillermo Siles es misionero y comunicador social. 

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EL DÍA DESPUÉS

Guillermo Siles Paz, OMI

Un día después de las Elecciones Generales, los bolivianos vivimos sentimientos entreverados. Muchos están vibrando de júbilo porque lograron su objetivo, como se esperaba. La alegría seguramente viene acompañada de algunos cálculos de acción y reacción, que tiene un valor  profundo y de mucha importancia.  Otros, se encuentran tristes porque los resultados son, los datos que no querían escuchar, previeron que podía ser diferentes o por lo menos pretendían cautivar con sus propuestas.  El ciudadano quedó satisfecho, los unos y los otros, porque como se dice: “quien tiene el poder del voto, es uno mismo y así fue”.

Algunos me preguntaron y ¿por qué ganó otra vez Evo Morales? Las respuestas son variadas y no siempre son exactas. Muchos factores influyeron, en este proceso concreto, nadie puede negar, que siendo “presidente y candidato” siempre tendría más opciones y respaldos de la misma estructura del Estado. Aunque pasaron los años,  su permanente interacción con el trabajo y su imagen posesionada en la gente, le mantienen vigente; esta es una explicación.

Yo me puse a reflexionar sobre el mismo proceso electoral e indubitablemente existen muchas realidades concretas que nos dan más elementos explicativos.  Tal vez, el más exacto que nadie puede negar, es su cercanía a la gente sencilla; se acercó a los pueblos, aunque no resolvió problemas concretos, pero sí logró estar en contacto con la gente y promovió una profunda motivación, elevó el autoestima de miles marginados de la sociedad. Lo sintieron de cerca y lo decían: “el Presidente nos visitó y compartió con nosotros”.

Otra realidad que no podemos ocultar es que en los últimos años el Presidente hizo muchas obras visibles, que nos entraron por los ojos. Muchos proyectos útiles como kilómetros de carreteras, canchas, coliseos, colegios y otros. El último gesto que revolucionará la educación, por lo menos en sentido estratégico, es dotar de computadoras a los profesores y a los estudiantes de último año de secundaria. 

A nivel internacional, logró impactar con los resultados de la lucha contra la pobreza, con resultados positivos, que internamente los cuestionaron, pero las cifras cantan, casi el 15% de los pobres, dejaron de serlo. Pero fundamentalmente por sus políticas de desarrollo, como dotar de agua, dar luz a los pueblos; además los bonos beneficiaron directamente a los ancianos, niños y adolescentes gestantes.

Finalmente, la estabilidad económica es la mayor fortaleza que tiene el actual gobierno. Los indicadores positivos dieron garantía a todos los bolivianos de vivir, sin tener muchas presiones y tentaciones de recurrir al pasado. Los ingresos de las exportaciones tanto mineras como hidrocarburíferas han dando un soporte financiero para mejorar los ingresos económicos de miles de obreros y sus familias. 

Un apéndice, el voto comunitario, realidad no muy comprendida desde la visión urbana, porque aunque estamos en siglo XXI, existen muchos pueblos que en su forma de vivir y elegir que tienen por delante la comunidad, por ello son las autoridades originarias o dirigentes sindicales, quienes protegen los intereses comunitarios. Por eso, muchas veces direccionan las decisiones porque lo que prima es la comunidad. 

Y ahora ¿qué vendrá? Porque muchas preguntas tienen que ver con la necesidad de hacer visible el cambio.  Si bien es cierto, existen actitudes de cambio y las mismas deben ser remarcadas por una mirada positiva, optimista, seguir en la línea de la inclusión, pero sin exclusión.  Lo dijo el Presidente, parafraseando a otro dirigente, “gobernar sirviendo al pueblo”, pero en el pueblo hay de todo y que nadie se quede fuera. Ahí viene algo, que debe asumir el Gobierno, es la crítica y la autocrítica, no adoptarla como afrenta u oposición. Ser crítico y autocrítico es una actitud sabia frente a la necesidad de avanzar incluyendo.

Yo pienso que el “proceso de cambio” debe profundizar la mejor distribución de la riqueza, que el sol nazca para todos, que la lluvia moje a todos, que el sueño de un país sea siempre compartir los bienes del Estado, sin descuidar a los más excluidos y marginados. 

Por tanto, será necesaria una mayor planificación y concentración de ideas porque planear el futuro de Bolivia y su desarrollo siempre será el gran sueño, y mucho más del Presidente.
  
Aunque es un Estado laico, un líder no puede olvidarse de Dios, porque Él no se olvida de quien gobierna con sabiduría y sencillez; Dios no se olvida de aquel que guía y acompaña a su pueblo por senderos justos. Además este pueblo Boliviano es profundamente religioso, es profundamente místico.

Guillermo Siles Paz es Misionero y Comunicador Social

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COMPRENDAMOS LA VIDA DESDE EL AMOR

Guillermo Siles Paz, OMI

Cuando el ser humano empieza a sentir la pregunta primera de la vida, muchos consideran compleja e inexplicable, o misteriosas porque la magnitud del hombre sobre su existencia es grande y muy difícil de poder entender del todo. Dios nos dijo que lo hizo todo por amor.

Cuando miramos la naturaleza y sentimos, que ahí hay otro gran misterio, damos explicaciones de lo que fue la formación del universo, del cielo y de la tierra;  de las montañas,  lagos y mares. Nada llena las explicaciones porque la belleza y magnitud son grandes. Solo un Dios tan grande y lleno de amor puede darnos todo por amor.  Todos los recursos naturales, están al servicio nuestro y son nuestros y dan vida.

Cuando el hombre, luego de haber pasado todas o varias experiencias, mira su propio ser, se da cuenta que existe una vivencia más allá de la razón. Sí, es como algo metafísico, algo más allá de las ideas y razones,  está en el sentimiento, es el corazón que vibra, que te hace entender algunos misterios, que te hace sentir como una persona que no está sola, ni abandonada, sino que está recibiendo muchos detalles bellos de la vida.  Su propia naturaleza.

Tal vez muchos entendemos estas realidades complejas a través de la razón. Ciertamente nos ayudaron en los años a profundizar. Sin embargo también siempre nos dejan preguntas. No parecen todas explicaciones coherentes.
Algunos, sobre todo los filósofos contemporáneos, nos han dado explicaciones que ayudan a entendernos, pero tampoco, porque cada ser humano es dueño de su tiempo y constructor de su propio pensamiento. Dios nos dice siempre que debemos de mirar los signos de los tiempos. Hoy también podemos decir, los cambios culturales, que se apropian e interactúan con otros. 

Pero todo este prolegómeno porqué los hago, es que me puse a pensar sobre el amor. Es que, desde el Amor de Dios yo puedo entender todo, inclusive las realidades más complejas, las que están ancladas y escondidos en el corazón.
Nunca olvido a mi profesor Dadichón, cuando nos hablaba de Blaise Pascal, que nos dijo “que el Corazón tiene razones, que la razón no las entiende”. Pero su sentido era profundo y nos llevaba simplemente a comprender el sentido de la apuesta. Si lo miramos para ver los misterios y realidades de nuestra vida, serian  el punto de partida que te abre el sueño, te da lo nuevo y te deja la libertad, de no ser condicionado, es como dejarte vivir tu sentimiento sin restricciones. 

Mirando la naturaleza del mismo ser humano, y la misma naturaleza que nos rodea, evidentemente sientes que es un razonamiento nuevo y diferente que nos provoca. Porque si bien es cierto entendernos los misterios y las preguntas existenciales, no nos deja de marcar, el hecho que sepamos, que Dios desde su infinito amor nos dio todo, la vida, la tierra, al ser humano. Que nuestra razón trata de entender, pero no logra llegar a su fin.

Por otra parte para seguir en la mirada divina, tener a Jesús con tantas enseñanzas de una vivencia en el amor a Dios y al hombre, y haciendo un ejercicio con Pascal también podemos deducir que Jesús amo al extremo, apostó por el proyecto de su padre y ganó.

Por eso, si entendernos la vida desde el amor, desde la comprensión de dar gratuitamente todo, aún sabiendo que perderemos o ganaremos, pero es una apuesta al triunfo.  Pero el amor sabe explicarse desde otro razonamiento, desde lo simple, desde lo sencillo, desde la mirada afectiva del otro.

Apostar por el amor no puede ser, por lo tanto, solo razonamiento. Debemos dejarnos vivir desde adentro de nuestro ser, desde nuestra interioridad, desde nuestra intimidad, nos empuja a vivir de otra forma nuestro ser. 

Con esta mirada fácilmente podemos comprender lo que San Pablo en su carta a los Corintios los decía. “El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás”.

Dado que el amor nos empuja a ser un donación para el otro, con mayor razón para proteger todo lo que Dios nos dio, inclusive su propia naturaleza.

Guillermo Siles Paz, OMI. Misionero y comunicador social

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