Periodismo

Política
La diputada de Unidad Demócrata (UD), Jimena Costa, expresó su temor de que en la Cumbre de Periodismo Responsable, que está prevista para el próximo 7 de diciembre en la ciudad de La Paz, se trate de modificar la Ley de Imprenta.

COMUNICADORES Y PERIODISTAS

Juan José Toro Montoya

Luis Ramiro Beltrán Salmón era un hombre extraordinario a quien debo admiración y gratitud. Sin su ayuda, la investigación que mereció el Premio Nacional en Historia del Periodismo, convocado por la Asociación de Periodistas de La Paz, no hubiera tenido ese resultado. Él iluminó ese trabajo y le dio un norte. Y eso que hizo conmigo lo repitió con miles de periodistas no solo mediante guía directa sino a través de sus publicaciones.
Por ello, creo justiciero que se haya tomado la fecha de su natalicio, 11 de febrero, para instaurar el Día del Comunicador Social Boliviano.
Recuerdo que, en las muchas charlas que tuvimos, don Ramiro hacía énfasis en la diferencia entre comunicación y periodismo y así justificaba el por qué se definía a sí mismo como comunicador.
Comunicador es el que comunica o sirve para comunicar. Comunicar es poner en común, transmitir señales mediante un código común al emisor y al receptor. En términos más sencillos, comunicar es transmitir un mensaje.
La mayoría de los seres vivos tenemos la capacidad de comunicar. Así, el bebé que llora está comunicando que tiene hambre, le duele o molesta algo. En el mundo animal existen infinitas y diversas formas de comunicación, desde la emisión de señales de apareamiento, imprescindibles para la supervivencia de la especie, hasta mensajes tan sencillos como el sentido de apropiación del alimento. El perro que gruñe cuando come, por ejemplo, está comunicando que no permitirá que le quiten la comida sin ofrecer resistencia.
El periodismo, en cambio, es el proceso de recoger, procesar y difundir informaciones; la captación y tratamiento, escrito, oral, visual o gráfico, de la información en cualquiera de sus formas y variedades. Como proceso, es un conjunto de fases sucesivas y está sometido a un procedimiento técnico más adecuado para las habilidades de los seres humanos que para las de los animales.
Por tanto, el periodismo es comunicación pero la comunicación no necesariamente es periodismo.
El Concilio Vaticano II discutió sobre la importancia de la comunicación y, por considerar que se refería a “los maravillosos inventos de la técnica” que la hacían posible, la apellidó social porque creyó que solo era inherente a los seres humanos. Y aunque desde entonces se utiliza el apelativo “comunicación social”, muchos comunicólogos, incluido Erick Torrico, advierten que es una redundancia porque “la comunicación no puede ser sino social, lo que la convierte no solamente en un producto de la misma sino, además, en uno de sus fundamentos”.
Por tanto, hay diferencias entre comunicación y periodismo pero estas tienen con ver con su esencia, no con distinciones académicas. Hoy en día, se ha hecho común llamar, hasta peyorativamente, “comunicador social” a una persona a la que no se le quiere reconocer el atributo de “periodista”.
Don Luis Ramiro era periodista pero su autoproclamaba comunicador, quizás porque el adjetivo sirve, también, para quien descubre, manifiesta o hace saber, para aquel que enseña, transmite conocimientos.
Y Beltrán fue un verdadero maestro, tanto del periodismo como de la comunicación, así que merece no solo el reconocimiento de los estudiosos de la comunicación sino de la prensa en general.

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Ciencia y Tecnología
Un juego en el que el usuario se coloca en el rol del jefe de un periódico

EL PERIODISTA: UN POLÍTICO PROFESIONAL EN ACCIÓN

Marcelo Arce

El periodista, “testigo de su época”, es también actor de ella, donde desempeña un papel  que muchas veces se niega a sí mismo. Mientras la ideología burguesa glorifica la “imparcialidad” e “independencia” de sus periodistas, simples “testigos de la época”, la ciencia contemporánea –la cibernética, por ejemplo- insinúa que, en tanto informadores, los periodistas participan en la dirección de la sociedad; es decir, que son dirigentes políticos.

La ciencia marxista, por otros caminos, ya había llegado a la misma conclusión, agregando el “partidismo” al carácter del trabajo periodístico. Entonces hay que volver a las fuentes principales como Camilo Taufic y tratar de entender la actual coyuntura.

Entonces, este rol periodístico –y partidario, a favor de una u otra clase social-, que juega todo periodista, se da cualquiera sea la orientación del diario, agencia, radio o estación de televisión que sirva, quiéralo o no el periodista, así este consciente o no de ello.

En su concepción más general, la política es la participación en los asuntos del Estado; su orientación; la determinación de las formas, de las tareas y del contenido de la actividad estatal; la actividad de las distintas clases sociales y de los partidos políticos.

Los periodistas participan directamente y de manera destacada, en los asuntos del Estado (investigándolos y divulgándolos, como su tarea principal); en la orientación del Estado (recogiendo informaciones en todos los ámbitos de la vida y haciéndolas públicas, además de opinar sobre ellas e interpretarlas) y en la determinación de las formas, las tareas y el contenido de la actividad estatal (mediante la información y la crítica), así como en las actividades de las clases sociales y de los partidos. Los periodistas son, por tanto, políticos; y aún más, son políticos profesionales.

Todo periodista, entonces (también el dedicado a las informaciones deportivas o aquel que se ocupa de los espectáculos artísticos), es un político activo, aunque su especialidad recaiga en un campo aparentemente “no político” del quehacer social, pues, en el arte o en el deporte, el periodista respalda una determinada política artística o deportiva, incluso cuando silencia o elude su rechazo frente a ellas. Es responsable de lo que ocurra en su campo de acciones. No se limita a reflejar la realidad; actúa sobre ella, contribuye a dirigirla hacia uno u otro fin, sea por acción u omisión, diciendo o callando; consciente o inconscientemente.

Pero hay más. La política no es otra cosa que una manifestación específica de la lucha de clases, su expresión más generalizada y, los periodistas, en cuanto activistas políticos, no están al margen de esa lucha, sino inmersos en ella y ocupando puestos de liderazgo.

Poco importa que tengan su rol en claro o no; lo juegan de todas maneras. Para empezar, cada clase social tiene “su” política en defensa de “sus” intereses y trata de organizar a toda la sociedad en consonancia con los mismos. Para ello utiliza distintos medios y el periodismo es uno de los recursos favoritos de cualquier clase social; le permite influir sobre las masas cada día, e incluso, cada hora o cada minuto, durante todo el día, llevando y trayendo las noticias, las ideas y los sentimientos que se avienen con sus intereses de clases.

Dentro de ese marco, ineludible, los periodistas no tienen otra posibilidad que tomar partido; o sirven a las clases explotadoras o las progresistas. No quiere esto decir que deben ingresar a un partido político determinado necesariamente, pero es evidente que la actividad periodística, dadas sus características políticas, expresa –en cuanto a la lucha de clases- los intereses de una u otra, indefectiblemente y, es en esta pugna que sacude a la sociedad de extremo a extremo, concluyendo en que los periodistas no son ni pueden ser neutrales.

“En una sociedad fecunda en la división de clases –dice Lenin- la lucha entre las clases hostiles se convierte, de manera indefectible, en una determinada fase de su desarrollo, en lucha política. La lucha entre los partidos es la expresión más íntegra, completa y acabada de la lucha de clases (…) El partidismo es resultado y manifestación política, es secuela y resultado de una lucha de clases altamente desarrollada. Y, al contrario, en interés de una amplia y abierta lucha de clases, es necesario el desarrollo de un riguroso partidismo”.

Desde el punto de vista de las clases sociales, sentencia Taufic, el asunto es claro: cuanto más cabalmente comprende su rol político un periodista de avanzada, más abiertamente  tomará partido a favor de las clases desposeídas, llevando incluso este partidismo hasta integrarse en los partidos de la clase obrera.

Al contrario, las clases reaccionarias no suscribirán jamás esa afirmación de Lenin en sus diarios, ni estimularían en sus periodistas, nunca, una definición política tajante, aunque fuera una definición política reaccionaria.

Es que los diarios burgueses viven de un engaño, cuyas razones saltan a la vista. No pueden declarar descaradamente su carácter reaccionario al servicio de una minoría explotadora, pues si lo hicieran no encontrarían eco alguno en las masas.

Entonces disfrazan su posición y advierten con gran estridencia que la prensa debe ser “imparcial”, “independiente” y estar “por sobre las clases y los partidos”. Pero es obvio que, en los diarios burgueses, la única posición que se puede sostener consecuentemente es la posición de la burguesía.

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Internacional
Gledyson Carvalho conducía su programa de radio en una emisora local de Camocim (Estado de Ceará, nordeste de Brasil) cuando dos personas entraron en el estudio y lo mataron a tiros.
Social
Los periodistas Amalia Pando, Jhon Arandia y Enrique Salazar dejaron los medios de comunicación donde trabajaban. En algunos casos, se denunció que lo hicieron por presiones del Gobierno.

FÁBRICA DE MENTIRAS

Juan José Toro Montoya

“La primera víctima de una guerra es la verdad”, dijo el barón de Ponsonby y, cada vez que un conflicto decanta las aguas de la información hacia uno u otro lado, la sentencia se hace realidad.

El ejemplo actual es el conflicto potosino. Y, aunque tengamos la referencia, uno se confunde cuando lee este avance de Telesur: “Gobierno reitera diálogo con organismos de la derecha”. Tras leerlo, uno se pregunta a qué se refiere. ¿Hay alguna conversación pendiente con el MNR, ADN o la UCS? Pero entonces uno lee el texto de la noticia y se sorprende al leer que la nota se refiere al Comité Cívico Potosinista (Comcipo).

Durante todo el conflicto, TeleSUR fue particularmente agresivo con Comcipo al que no sólo adjetivó como “derechista” sino que antepuso el adverbio “ultra” en la nota titulada “Bolivia llama al diálogo a comité de la ultraderecha en Potosí”.

Como cualquier periodista sabe, solo se debe publicar las afirmaciones que se puede probar. Para calificar de “derechista” a una organización hay que tener una base mínima de sustento y peor si se le llama de “ultraderecha” porque esta ya denota extremismo. Incluso hoy en día, solo se puede considerar de ultraderecha a partidos ya desaparecidos como el nacionalsocialista de Adolf Hitler o los fascios italianos de combate de Benito Mussolini.

Por lo que pude averiguar, TeleSUR nunca se contactó con los dirigentes de Comcipo para entrevistarlos o realizarles preguntas que les permita saber si, en efecto, son ultraderechistas.

Lo que pasa es que TeleSUR no es un medio periodístico sino de propaganda. Fue fundado por el fallecido presidente de Venezuela Hugo Chávez y es financiado por los gobiernos de ese país, de Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Uruguay.

La propaganda no es periodismo. Sus fines son propagar doctrinas y atraer adeptos. Su estrategia es la repetición con el objetivo de influir en la actitud de una comunidad respecto a alguna causa o posición. Se basa en la famosa fórmula del ministro de propaganda de Hitler, Joseph Goebbels: “Si una mentira se repite las suficientes veces, acaba convirtiéndose en la verdad”.

Durante el conflicto potosino, TeleSUR no hizo periodismo sino propaganda. Defendió a uno de sus financiadores, el Gobierno boliviano, mediante la repetición de mensajes tendenciosos y falsos que buscaban que su público acepte la verdad del Gobierno boliviano.

Tras ver la forma en la que esa red televisiva falseó la verdad y la repitió descaradamente, habrá que reconocer que algunos medios del Estado boliviano no llegan a esos extremos. Si bien están inclinados al lado del Gobierno, el diario Cambio y la agencia ABI por lo menos ofrecen textos bien redactados que respetan algunas normas periodísticas. Los masivos, como Bolivia TV y las emisoras de la red Patria Nueva se disparan, gracias a la impericia de los conductores de programas, y caen fácilmente en la mentira.

Pero el Gobierno de Evo Morales no solo dispone de medios estatales, muchos de los cuales fueron adquiridos bajo su administración, sino de una importante cantidad de medios paraestatales; es decir, medios supuestamente independientes que, en realidad, tienen la tarea de defenderlo.

Esos medios son los que reprodujeron la propaganda del gobierno durante el conflicto y en algunas ocasiones hasta llegaron a atacar a Comcipo y al pueblo potosino.

Así, de manera desigual, se libró la guerra mediática en la que Potosí terminó perdiendo cuando no jugó de local.

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PERIODISMO CON EL PUEBLO

Mario Mamani Morales

Hubo tiempos en que el ejercicio del periodismo no era fácil. Se exponía la vida para decir la verdad y se tenía que caminar con el testamento bajo el brazo. No era cuestión de acomodarse según el soplo del viento sino era convicción, línea, entrega, se corría junto al pueblo sufrido, hambriento, perseguido. Eran otros aires.

Hoy es difícil saber de qué lado estarían muchos comunicadores sociales y no pocos que se creen periodistas; más bien son los opinadores, los que hacen fácil las entrevistas vía teléfono celular y siempre a los mismos personajes, tienen sus “caseros” para cazar la noticia, ya no van a la fuente y mucho menos contrastan o verifican la “primicia” que lanzan sin antes evaluar y pensar el impacto que tendrá en la sociedad. Resulta que al final lo que se lanzó era mentira, con los daños ya ocasionados porque es demasiado fácil echar lodo al nombre, el apellido y la honra de las personas.

Como no había decenas de emisoras de radio como hoy ni tantos tabloides escritos y ni en sueños se pensaba en los periódicos digitales que ahora existen, entonces quienes hacían periodismo eran conocidos, se sabía su filiación de pensamiento, no pocos también estuvieron al servicios de los regímenes de facto, las dictaduras, eran voces temidas en las cadenas radiales y de televisión que se imponía a determinadas horas. Algunos se ocupaban de brindar circo y pan al pueblo para distraer la atención cuando en algún lugar el minero, el fabril, el maestro, el campesino…  estaba siendo masacrado.

En la década de los 70 y principios de los 80 del pasado siglo, los trabajadores de las radios mineras, que a determinadas horas hacían una cadena clandestina para defender los intereses de los trabajadores, eran cruelmente perseguidos, entonces había emisoras en onda corta cuyos transmisores inclusive se instalaban en interior mina o eran custodiados por los mismos obreros durante las 24 horas; pero ni aún así se salvaban del desmantelamiento, tomados presos los obreros del micrófono, residenciados, exiliados o desaparecidos y los equipos totalmente destruidos al igual que muchas sedes sindicales.

Nombrarlos sería olvidar algunos; pero ahí estaban los del Consejo Central Sud en directa comunicación con Siglo XX, Catavi y en muchas ocasiones lideraba la Nacional de Huanuni.

Lo más cercano, Radio Sumac Orcko, arma del Sindicato de los metalúrgicos de Unificada, que en 1985 fue silenciada definitivamente; pero cumplió su labor junto a los mineros, el pueblo, con un transmisor de Frecuencia Modulada que en esa época era novedad y que se enlazaba con AM; pero era portátil, transportable; se instalaba en una caseta de sereno en Velarde, (hoy entregado a las cooperativas), de pronto en las oficinas de Pailaviri y finalmente en interior mina donde sus trabajadores cumplían una huelga de hambre de más veinte días para oponerse al famoso D.S. 21060 que fue el inicio de la relocalización y el cierre de las minas del Estado.

Su periodistas también en la clandestinidad soportaban las jornadas con pan de pulpería, sardinas y la coca de sus hermanos mineros; pero jamás callaban la voz frente a las injusticias, las detenciones de los dirigentes, las amas de casa que también estaban en la lucha y no pocos sacerdotes que al lado de los obreros ofrecían sus parroquias para ocultar a los dirigentes.

Hoy son otras generaciones de periodistas, muchos de ellos no conocen lo que es un estado de sitio, comunicarse en clave, al estilo del santo y seña del soldado para pasar de un lugar a otro, hablar en coba obrera para entrevistar a los dirigentes; pero sobre todo compromiso y lealtad probada a plan de fuego, la dinamita, los gases lacrimógenos y en la familia en la incertidumbre si volverá a casa.

Hoy se habla de la información, comunicación, el entretenimiento social cuando por detrás se trata de facilitar el enriquecimiento del dueño del medio; pero esto se tapa bajo la defensa de la libertad de expresión. No todos; pero se tendría que repensar qué hacemos hoy con el periodismo y de qué lado estamos.

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Social
El coordinador de la ANP, Franz Chávez, explicó que entre los agresores hay funcionarios judiciales, policiales y también miembros de organizaciones sociales.
Seguridad
Róger Gonzales es acusado de instigar a delinquir, a través de mensajes difundidos en un canal de televisión, durante los incidentes violentos registrados el 24 de mayo de 2008 en Sucre.

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