Opinion

TÚPAJ KATARI Y LOS DERECHOS DEL COSMOS
Cóncavo y convexo
Karla Calderón Monrroy
Martes, 24 Diciembre, 2013 - 09:43

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1957 fue declarado “Año Geofísico Internacional”. Uno de sus principales logros fue el inicio de la era satelital. La Casa Blanca había iniciado el proyecto Vanguard, anunciando que serían los primeros en poner un satélite artificial en órbita. Esa fue razón suficiente para que los soviéticos aceleren el lanzamiento del “Camarada viajero” (Sputnik), dejando así el segundo lugar para los Estados Unidos.

Si en los cincuentas, la situación política marcada por la guerra fría fue el incentivo principal para la incursión en el espacio, para Latinoamérica, el futbol fue la inspiración. Como la televisión brasilera no logró conseguir un espacio de transmisión satelital, los brasileños tuvieron que conformarse con solo escuchar el relato de la clasificación de su selección al mundial España 82. Entonces Brasil decide que era tiempo de contar con un satélite: el “Brasilsat A1”, lanzado en febrero de 1985.

Poco después, en el mismo año, el “Morelos I” y el “Morelos II” son puestos en órbita por los mexicanos con el propósito de mejorar su sistema de comunicaciones. Con el mismo interés, en 1990, radioaficionados argentinos impulsan el lanzamiento al espacio del “Lusat 1”. El cuarto país de la región en contar con un satélite propio es Chile. A pesar de un intento fallido, logra lanzar con éxito el “FASat-Bravo” en el año 1998. Ya en el siglo XXI, Colombia crea y logra enviar exitosamente el “Libertad 1” al espacio y Venezuela pone en órbita el “Simón Bolívar”. Este año, fue el turno de Ecuador y Bolivia. Lamentablemente el “Pegaso”ecuatoriano dejó de enviar señales en mayo, un mes después de su lanzamiento. Y, desde el 20 de diciembre pasado, el satélite boliviano Túpac Katari se encuentra ya en el espacio.

Hasta ahora un total de 73 satélites latinoamericanos orbitan el espacio. Los servicios que principalmente ofrecen están relacionados con las comunicaciones. Se estima que, solo en la región, durante los siguientes cinco años, 25 nuevos artefactos serán lanzados. Sin embargo, ¿es el espacio tan infinito?  Existen en órbita cerca de 13 mil satélites, de los cuales solo 3.500 están operativos ¿Qué pasa con el resto? Son basura espacial. Los satélites, una vez que cumplen su misión o su tiempo de vida quedan orbitando como deshecho, compartiendo espacio con los artefactos que se encuentran aún en operación y con los nuevos lanzamientos. Quien no conoce mucho del tema, como yo, podría pensar que en el ilimitado cosmos lo que sirve y lo que no, tiene amplia cabida. Pues no. Resulta que la mayoría de los satélites son colocados en la denominada “órbita terrestre baja”, a 2 mil kilómetros de altura. Es en esta franja, en la que el aumento de residuos se constituye en una peligrosa amenaza.

Se advierte que en los próximos 200 años puede producirse una avalancha de colisiones poniendo en riesgo la operación de los satélites existentes o el lanzamiento de otros nuevos, generando graves costos. De hecho, el Pegaso de Ecuador dejó de transmitir luego de colisionar con los residuos de un cohete soviético enviado en 1967. El inicio de un proceso de limpieza espacial y de responsabilidad en la construcción y lanzamiento de satélites, se hace necesario.

Expertos reunidos en la 6ª conferencia europea sobre basura espacial realizada en abril de este año, manifestaron que: “el grado de conocimiento que tenemos ahora sobre el problema de la basura espacial es equiparable al que teníamos hace veinte años sobre la necesidad de hacer frente al cambio climático”. Siguiendo la analogía, me pregunto: ¿Será que de aquí a veinte años estaremos exigiendo que se respeten los derechos del Padre Cosmos?