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Hay gloria que se evapora cuando explota una derrota de mil años. "Voy a ser recordado por el 7-1, pero es un riesgo que corría. Hay que seguir con tu vida. Qué le vamos a hacer". Palabra de 'Felipao' Scolari, campeón del mundo en 2002. ¿Seguirá aferrado al cargo o el 7-1 será la tumba? Por mucho que se empeñe en seguir, el 'Sargento, como aquel coronel del cuento de García Márquez, no tiene ya quien le escriba. Seguro que Neymar, lesionado, es consciente de la suerte de escapar al estigma del Mineirazo...
Hablemos de mártires. "Esto servirá para demostrar el valor de mi padre. Era un portero excelente y fue víctima de una gran injusticia. No recibía un salario alto, no tenía psicólogo, y pese a ello fue subcampeón. Estos jugadores no lograron ni siquiera esto", palabra de Tereza Borba, la hija adoptiva de Moacir Barbosa, el principal mártir -que no el único- del Maracanazo, nombrado el mejor portero del Mundial del 50 pese al Waterloo tropical, pero que sólo volvió a vestir una vez más la camiseta brasileña. La Seleçao no tendría un portero titular negro hasta Dida, medio siglo después, en la Copa América de 1999. Coincidencias.
El asesinato de Kennedy y el 'goleiro' maldito
No hay que llegar a la hipérbole de Roberto Muylaer -biógrafo de Barbosa: "El gol de Gigghia y el disparo que asesinó a Kennedy tienen el mismo dramatismo... el mismo movimiento, ritmo... la misma precisión de inexorable trayectoria...". O sí, quién sabe. De ser el héroe de la Copa de América de anterior a 1950 fue condenado a 'cadena perpetua' por los 150 millones de lágrimas derramadas tras ese disparo. En 1994, en plena disputa del Mundial de los Estados Unidos, el 'goleiro maldito' (portero) quiso saludar a los futbolistas en la concentración de Brasil. Una televisión británica pagó su viaje. Llegó a la puerta y no lo dejaron entrar, como si el 'apestado' pudiera contaminar su gafe 40 años después. Su legendario lamento -"En Brasil, la pena mayor por matar a alguien son 30 años de cárcel. Hace 50 años que yo pago por un crimen que no cometí"- debería dar vergüenza a su pueblo.
Contaba en un magnífico documental de la ESPN, cómo en 1963 intentó exorcizar el gol que un millón de veces en su vida le metió Gigghia haciendo una barbacoa con los postes de Maracaná. Invitó a los amigos que no le huyeron: "Ese filete bien sazonado con cebolla y vinagre que me comí podía simbolizar la pierna de Gigghia latiendo con el linimento del juego". Porque con el primer portero negro en la historia de la selección brasileña se fue miserable hasta en su entierro, al que apenas asistieron un puñado de personas. Murió casi de prestado, en casa de su cuñada, con una pensión mísera de la Confederación Brasileña de Fútbol. De ahí las palabras de su hija adoptiva. En un documental, narraba entre lágrimas que el peor día de su vida no fue el Día D del Maracanazo sino cuando 20 años después, en la cola de un mercado, una mujer le reconoció y le dijo a su nieto: "Míralo, es el hombre que hizo llorar a todo Brasil".
(Tomado de El Mundo)
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