Idiomas nativos

Política
“Algunas veces caminamos sin un espíritu o sin un norte y entonces, ¿cómo llegamos a nuestro ‘thaqui’ (camino)?, si no es a través de nuestro idioma”, expresó en idioma aymara la Vocal del TSE Maria Eugenia Choque.

DESPOSESIÓN DEL IDIOMA

Mario Mamani Morales

Tuve la suerte de nacer en un hogar bilingüe: quechua y aimara, lenguas originarias y ancestrales. Recuerdo que mis padres se comunicaban en ambos idiomas al igual que sus progenitores y seguramente por generaciones pasadas. Al asentarse en la ciudad, mis mayores aprendieron otra lengua ajena a nuestras raíces: el español.
Mi lengua materna es el quechua; pero igual aprendí el aimara aunque no con tanta fluidez y la riqueza que encierra este idioma. Hoy no domino ninguna de esas lenguas ni me exigen en ninguna parte comunicarme en los idiomas de mi origen; a la vez tengo dificultades con la sintaxis, la morfología, la gramática, las reglas de acentuación y otras normas que rigen el español que me fue impuesta.
Cuando asistí a la escuela me prohibieron hablar el quechua, era pecado. A tanto de repetir y repetir balbucee el castellano, las primeras palabras que escribí: “dado”, “pala”, “torta”… estaban en español. Al pasar el tiempo, en la escuela y después el colegio, era una vergüenza hablar en idioma nativo, total discriminación para lo ancestral: todos los actos cívicos,  las lecciones, es decir el currículo, estaba en el idioma de los invasores.
Ahora me doy cuenta que toda América sufrió una desposesión de sus idiomas originarios: en el norte inglés que trajeron los colonizadores y no les permitieron aprender esa lengua a los nativos porque sencillamente se propusieron exterminarlos; desde México hacia abajo el español; en algunas partes de Centro América el francés y en lo que hoy es Brasil: portugués. Sencillamente las lenguas nativas fueron puestas al olvido.
¿Son los idiomas de los colonizadores superiores a lo nuestro? ¿No fueron impuestos a punta de la cruz y la espada? ¿No se puede hacer ciencia y tecnología con lo nuestro? ¿O con los otros más de treinta idiomas que son reconocidos en nuestro actual Estado Plurinacional? Cuando llegué a la Universidad, nada de lo nativo, había que balbucear el inglés, materia obligada para seguir en carrera.
Ahora, con el modelo de educación sociocomunitaria y productiva que se aplica en el país, dizque se debe iniciar el aprendizaje escolar en un idioma nativo. ¿Se está haciendo realmente eso? ¿No se ha convertido también en un negocio esto de aprender un idioma ancestral?
La experiencia me demostró que más vale un certificado de un curso rápido de quechua que tener como lengua como materna, realmente hablar y entender. En la mesa de calificación de expediente me preguntaron si sabía algún idioma nativo, dije que sí, me exigieron certificado, como no tenía me valoraron cero en la casilla correspondiente, y diez a otra persona que tenía el cartón a colores.
En el régimen de gobierno actual es una exigencia que el funcionario público hable un idioma nativo, según la región. ¿Se aplica en la realidad? ¿Le atienden a uno en idioma nativo? ¿Qué se reproduce más: el idioma extraño o el ancestral?
El despliegue de los idiomas calificados de superiores o universales arrasa con los originarios o nativos, las NTICs tienen su propio idioma, quienes habitamos en los países que no adelantamos en ciencia y tecnología somos desposeídos de los nuestro, cada vez nos sentimos cercados por lo extranjero, entonces nos han capturado y aceptamos el sometimiento, de manera pasiva, tranquila, otra forma de colonización en el Siglo XXI.
Para alentar la autoestima por lo nuestro, sería ejemplificador que una cátedra en la Universidad, algún campo del conocimiento humano sea facilitado en idioma nuestro o que los mandatarios del Estado emitan un discurso con contenido profundo en su idioma nativo, de tal manera que no sólo sean palabras el recuperar lo ancestral.

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El empresario y líder de Unidad Nacional (UN), Samuel Doria Medina, se refirió las lenguas originarias mediante su cuenta de Twitter y escribió: “Aymara y quechua para hablar con los abuelos”.

EXIGENCIA DE HABLAR UN IDIOMA NATIVO

Constantino Rojas Burgos

La declaración en aimara del magistrado Gualberto Cusi ante el Tribunal de Sentencia de la Cámara de Senadores por espacio de dos horas, puso en figurillas a los funcionarios encargados de tomar declaraciones en el juicio que se le sigue a él y a otras dos magistradas del Tribunal Constitucional por supuesto incumplimiento de funciones y prevaricato.

Los miembros del Tribunal de Sentencia tuvieron que solicitar la ayuda de un traductor para entender la defensa de Cusi, personaque fue objetada por el magistrado por ser un miembro activo del Movimiento Al Socialismo, además de poner en duda la fiabilidad de la traducción.

Este hecho insólito en el país nos remite a la Ley Nº 269 del 02 de agosto de 2012, denominada Ley General de Derechos y Políticas Lingüísticas, que señala que los funcionarios del país tienen que aprender un idioma nativo de acuerdo a la región donde viven y que deben hablar mínimamente dos idiomas, es decir, el castellano y el nativo, porque en el país una gran mayoría se comunica en lenguas originarias.

El funcionario público, para acceder a la carrera administrativa, requiere “hablar al menos dos idiomas oficiales del país”, es decir, castellano y un idioma nativo, según señala el Artículo 234, inciso 7 de la Constitución Política del Estado cuando se refiere a los servidores y servidoras públicas.

A partir de la aprobación de la Ley, los funcionarios cuentan con tres años para aprender el idioma originario, de manera que solo queda llenar la exigencia hasta agosto de 2015, es decir, ocho meses para aprender el idioma si quieren conservarse en el cargo.

Además de la Ley Nº 269, la Constitución Política del Estado Plurinacional,en su Artículo 5 párrafo I,señala que “son idiomas oficiales del Estado el castellano y todos los idiomas de las naciones y pueblos originario campesinos”, es decir, reconoce la existencia de 38 etnias en el país, cada unacon su propio idioma, entre las que destacan el quechua, aymara y guaraní por la mayor presencia de habitantes que hablan esos idiomas de acuerdo a las regiones donde están asentados.

Según el Instituto Nacional de Estadística, el castellano es hablado por el 84 por ciento de la población en todo el país; el quechua por un 28 por ciento en los departamentos de Cochabamba, Chuquisaca, Potosí y parte de Tarija; el aimara un 18 por ciento en La Paz y Oruro y el guaraní el 1 por ciento en el departamento de Santa Cruz, en las etnias del Chaco y la Amazonia.

En la práctica diaria, todas las instituciones públicas, cualquiera sea su naturaleza de servicio, tienen un público que acude para una infinidad de trámites, solicitudes y búsqueda de servicios. Si bien algunos son bilingües y no confrontan problemas porque se adaptan al idioma que habla el funcionario público, la dificultad es para el monolingüe, de lengua materna indígena y que no tiene posibilidades de expresarse en castellano, lo que entraña dificultades en la atención de sus demandas y el consiguiente perjuicio tanto para el público como para el funcionario, puesto que para amboshay un ruido lingüístico en la comunicación.

Por tanto, la actitud del magistrado Cusi no es nada más que una llamada de atención para que los funcionarios públicos tomen en cuenta el plazo otorgado por la Ley Nº 269. Si se aplica la ley,los que no dominan el idioma nativo se verán impedidos de continuar en sus funciones. Eso implica que las instituciones deberían tomar las previsiones para que sus funcionarios asistan a cursos de aprendizaje del idioma, aunque sea en el nivel básico para que el público sea atendido en su propio idioma, una exigencia ineludible, tal como señalan las normas nacionales. Lo contrario, es una violación a los derechos lingüísticos de las personas de lengua nativa.

Constantino Rojas Burgos es periodista y docente universitario.

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