Comunicación

OBITUARIOS

Carlos Soria Galvarro T.

Comencé a escribir esta columna en 1986 en el semanario Aquí que dirigía Antonio Peredo y en el que yo fungía como jefe de redacción. La firmaba con el seudónimo “Silvestre” y duró hasta que pasé al Canal 13 TVU, trabajo agobiante que me impidió continuarla. Años después la reanudé en el semanario La Época a invitación de Raúl Peñaranda y seguí escribiendo allí hasta bien avanzados los cambios de dueños y de orientación de ese medio. De pronto decidí acogerme al formato digital de ERBOL y mis contribuciones, debo reconocerlo, se hicieron cada vez menos frecuentes.

Una de las razones para ello, sin ser la única, podría ser la que a continuación trataré de explicar.

Siendo una persona con las emociones a flor de piel, me sentía poco menos que obligado a dedicar unas líneas ante el deceso de personas conocidas, amigos o amigas entrañables a veces, otras no tanto, pero igualmente significativas en lo personal.

Con el subtítulo de “Siluetas” debajo del nombre de la columna escribí, que me acuerde, sobre Jaime Sevillano, deportista, mimo, diseñador gráfico, artista bohemio empedernido. También lo hice sobre Andrés Heredia, legendario y sencillo organizador clandestino, de estoica resistencia ante la represión y defensor irrenunciable del derecho a pensar con cabeza propia. La columna que le dediqué a Jorge Kolle, a más de uno le gustó, llegaron a decirme que no debía ofender a los muertos, aunque esa no fue mi intención, destaqué algunos de sus méritos pero no me pareció honesto esconder mis impresiones negativas.

Si mal no recuerdo la última columna-obituario que escribí fue para Domitila, apenas unas pinceladas testimoniales de algunos momentos en que estuvimos en la misma trinchera.

Sobre Antonio Peredo, no hice una columna de opinión sino un artículo de fondo para la revista Oxigeno, a solicitud expresa de Grover Yapura.

Cuando escribía una reseña de los tres últimos libros por Humberto Vázquez Viaña me sorprendió su partida, comprendí por qué los había publicado al hilo el 2012 y tuve que adaptar mi nota a una especie de postrera despedida.
En ese trajinar es que comenzaron mis problemas. Por una explicable razón generacional las gentes de mi entorno se están muriendo a montones. Se fue Ana Urquieta, militante a tiempo completo toda su vida. Partió Jorge Tapia (Torombolo), espíritu fuerte en un organismo frágil. Rosendo Osorio (Oso) cayó en un accidente no de la mina, sino de la carretera (no lo podía creer). Simón Reyes, terminó su jornada en medio del reconocimiento general, escribí sobre su vida en Vista al mar, pero no pude hacerlo sobre su reciente muerte.

La seguidilla de fallecimientos de colegas del oficio periodístico en estos días es de nunca acabar, son tantos y tantas que prefiero no mencionarlos por el riesgo de olvidar algunos nombres. El último entierro al que asistí fue al de Fortunato Esquivel y allí nos encontramos no más de una docena de colegas que bromeamos al coincidir que casi todos ya estamos “en la sala de preembarque”.

En mi casi confinamiento de Valencia (Mecapaca) ayer me llamaron para avisarme que falleció en La Paz el chaqueño Floyd Ortega (Bigotes) y en Oruro la Negra Clara (Torrico). Esa doble noticia funeraria fue la gota que llenó el vaso. He decidido a partir de ahora no escribir más obituarios. No me da el cuero, es demasiado desgaste emocional. Cuántos más años vivimos más solos nos vamos quedando. Sobrellevar semejante carga ya es más que suficiente.

Liberado de ese compromiso autoimpuesto como obligación de la memoria, quizá pueda recuperar algo del ritmo que se necesita para seguir mirando lo que pasa aquí y ahora.

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VIOLENCIA, ÉTICA Y CALIDAD INFORMATIVA TV

Sandra Villegas Taborga

La  ética y la técnica —o calidad periodística— son indisociables en el periodismo. La primera es el alma de la segunda: quien se proponga ser el mejor periodista, tendrá que ser también el más ético. De la misma manera, el periodista ético será también técnico. “Un alto nivel de conducta profesional requiere devoción por el interés público” (Restrepo, 2004: 23 y 24).

 

En Bolivia, en la cobertura periodística televisiva de la violencia, a menudo la primera sacrificada es la calidad en la elaboración de la información suficiente, precisa, ecuánime en el manejo de fuentes y coherente en sí misma. Casi al mismo tiempo, otra víctima de la cobertura de hechos de violencia es la ética a partir del enfoque sensacionalista que algunos medios dan a robos, asesinatos y violaciones.

 

Según un estudio sobre la violencia y el manejo ético de las noticias de 6 redes de televisión[1] efectuado por el Observatorio Nacional de Medios en mayo de 2012, las noticias sobre violencia se centraron en un 57% en inseguridad ciudadana (asesinatos, robos, accidentes, etc.) y en un 43% en conflictos sociales (usualmente cobertura de protestas y enfrentamientos de diversos sectores sociales en vivo).

 

El objetivo de la citada investigación consistía en analizar y comparar el manejo ético y el cumplimiento de los estándares de calidad periodística en las telenoticias sobre violencia en las principales redes televisivas en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz.

 

El estudio tomó como referencia para su análisis el Código  Deontológico del Periodista, el Código de Ética de la Asociación de Periodistas de La Paz (APLP), el código del Consejo Nacional de Ética Periodística (CNÉP) y el  de la Asociación Nacional de la Prensa (ANP). A su vez, se rescató la propuesta de 14 estándares de calidad sugeridos en Medios a la vista (ONADEM, 2008:21).

 

La calidad informativa es cuestionada cuando no se brinda información suficiente sobre dónde o cuándo ocurrió el hecho, quiénes fueron los protagonistas de la historia narrada como novela y tampoco se proporciona declaraciones de fuentes especializadas. Este tipo de cobertura suele dejar de lado la protección a la vida privada de las personas, a la dignidad de las víctimas (en especial niñas, adolescentes y mujeres adultas), no respeta el Código Niño, Niña y Adolescente ni la presunción de inocencia de los supuestos agresores.

 

La ética también es puesta en entredicho cuando se muestran imágenes de niños o jóvenes fallecidos sin proteger su dignidad, no se investiga las causas o móviles de los hechos delictivos ni se hace seguimiento a las consecuencias de los delitos o al procesamiento de los sospechosos.

 

Con frecuencia se valora los hechos violentos, se mezcla opinión con información utilizando un lenguaje como:

 

“había al parecer una orden expresa de no reaccionar y en todo caso resistir” (comentario sobre la noticia del conflicto de salud y los enfrentamientos de estudiantes de Medicina y la Policía en las puertas de la Vicepresidencia. Presentadora Bolivisión, 11/05/2012).

 

Si se parte del principio profesional de que la información debe contribuir con datos de interés para el común de la sociedad y en la toma de decisiones de carácter público y democrático, pierde total sentido que algunos canales de televisión muestren detalles “escabrosos”. Tal el caso de una nota difundida en PAT (3/05/12) sobre una niña de 11 años asesinada, según los comentarios de los presentadores, “al parecer por celos” del concubino de su madre que no sólo abusó sexualmente de ella en varias ocasiones sino que además culpó al primo de 21 años por también tener relaciones sexuales con ella. Lamentablemente, los comentarios y el enfoque utilizado en las notas,  llevan a poner en duda la reputación e inocencia de la niña, sospechar del primo de 21 años y casi excusar al adulto. ¿Sería esa la intención de los periodistas? Tal vez no.

 

La pregunta es si no existe otro modo de presentar una noticia de ese carácter. Y lo positivo es que sí existe, así lo han demostrado las noticias elaboradas desde un enfoque preventivo, educativo y respetuoso para con las víctimas y con la sociedad. Usualmente, este tipo de notas conlleva calidad informativa y principios éticos. 

 

La relación ética y violencia en televisión

 

Al tratar de ser los primeros en dar la noticia se puede caer más a menudo en desinformar porque se brinda información incompleta, inconexa, sin causas ni consecuencias. En el caso de la cobertura periodística de hechos de violencia, muchas veces se reporta con demasiada avidez por la primicia, con ideas preconcebidas, no se tiene en cuenta los diferentes puntos de vista de las fuentes informativas o se deja de lado las noticias constructivas o de prevención.

 

Los valores y normas de éticas giran alrededor del otro, ese que escucha, observa y lee. Un periodista ético debe formarse primero como un buen ser humano.

 

La ética no es una utopía. El experto colombiano Javier Darío Restrepo señala que existen tres valores universales para la ética del periodista: el compromiso con la verdad, la responsabilidad social y la independencia.  Y  las cuatro fórmulas para resolver dilemas éticos son:  1) buscar la mayor utilidad, 2) aplicar principios universales, 3) no hacer a otros lo que no queremos para nosotros y 4) ponerse en el lugar del otro (Restrepo, 2004: 35 y 41). 

 

Podría añadirse a lo anterior el respeto de los derechos humanos (dignidad, de imagen, e identidad) de las víctimas, en especial, niños, niñas, adolescentes, mujeres y personas en condiciones de vulnerabilidad (discapacidad, pobreza, desgracia o enfermedad, por ejemplo).

 

Esta posición se ve enfrentada con la realidad todos los días debido a que se debe añadir los sentimientos, creencias, cultura y limitaciones de los periodistas en su condición de seres humanos perfectibles.

 

La ética se vincula a la calidad del producto periodístico ─así como cualquier producto o servicio ofertado en el mercado─ porque debe ser bueno para que el consumidor confíe y se mantenga fiel a él. Eso es lo que genera credibilidad.

 

Aciertos y desaciertos éticos en la cobertura

 

Según el análisis de las noticias en contraste con los Códigos de Ética los desaciertos éticos más comunes fueron  no citar fuentes, no incluir parte y contraparte en las fuentes informativas, falta de oportunidad, precisión y exactitud en la difusión de las informaciones, mezclar la opinión y la información y difundir información sin haber corroborado hechos ni fuentes informativas.

 

Entre los aciertos éticos más generalizados se identificó el uso de parte y contraparte, exactitud y precisión, pluralismo en las fuentes, uso de fuentes idóneas, oportunidad y veracidad en la publicación de las noticias. En el período examinado ATB (30%) y Red UNO (27%) fueron los canales con mejor manejo de los principios éticos en la presentación de notas sobre violencia, de acuerdo con el análisis efectuado.

 

En cuanto al seguimiento de los estándares de calidad, la contextualización y la claridad fueron los más utilizados, en particular en la Red UNO, UNITEL y ATB.

 

En el otro extremo, los menos utilizados fueron la profundidad y la investigación. Por tanto, las causas y consecuencias de los hechos de violencia usualmente no son explicadas sino sólo descritas como parte de un caos social sin posibles soluciones o como parte de otra estadística más de accidentes o crímenes sin resolver.

 

A modo de conclusión

 

La violencia en las pantallas de televisión se ha convertido en una mercancía o producto mediático que en ocasiones se “vende a buen precio” en detrimento de un periodismo de calidad  y de los principios éticos que éste debe respetar.

 

Las noticias sobre violencia en la televisión en las principales redes de televisión estuvieron relacionadas con a) conflictos sociales y b) inseguridad ciudadana.

 

En los últimos 7 años, la convulsión social, las protestas, las huelgas de hambre, los paros y la inestabilidad económica forman parte del día a día de las noticias en los canales de televisión bolivianos. A esa conflictiva realidad social se ha sumado el creciente índice de delincuencia (robos, violaciones, asesinatos, etc.), en especial, en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, como ciudades más pobladas del país.

 

Esas circunstancias y otros factores que influyen en el periodismo boliviano (presión, inestabilidad laboral, recarga de trabajo y la insuficiente formación profesional de los periodistas) han contribuido a recurrentes fallas técnico-profesionales y éticas en la elaboración de noticias.

 

El análisis del manejo ético y la calidad periodística de noticias televisivas sobre violencia concluyó que en general existe un manejo ecuánime de las fuentes informativas pero la mayor dificultad radica en que no siempre se corroboran los hechos y las declaraciones de las fuentes antes de su difusión.

 

Sólo cuando se vincule la excelencia en la elaboración periodística con el adecuado manejo ético de hechos de violencia se podrá garantizar el pleno respeto de los derechos humanos a la privacidad y dignidad de las personas así como ofrecer al público información ética y con alta calidad profesional.




[1] UNITEL, Bolivisión, Bolivia TV, ATB, Red UNO y PAT.

 

 

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LA COMUNICACIÓN EN CORREA

Miguel García Angelo

Las declaraciones del Presidente Rafael Correa del Ecuador, durante la Cuadragésima Segunda Versión de la Asamblea de la Organización de los Estados Americanos desarrollada este tres, cuatro y cinco de junio en Tiquipaya-Cochabamba, trajeron muchas repercusiones, unas con más pasión que otras con mayor profesionalidad. A quienes definitivamente les sacó “roncha” fueron a algunos representantes de la prensa, quienes desde el viejo paradigma de la comunicación funcional-estructuralista, rechazaron desde un punto de vista “político” antes que “técnico y teórico conceptual”. Pero, veamos qué dijo Correa.

La libertad de expresión es el derecho de los que tuvieron plata para comprarse una imprenta y publicar lo que les da la gana. Se está luchando para dar libertad de expresión, pero hay libertad de prensa, que tiene que ser un poquito más que la voluntad y el capricho del dueño de la imprenta. Desde que se inventó la imprenta, la libertad de prensa es la voluntad del dueño de la imprenta. Por eso, cierta prensa no busca la verdad, busca hacer daño. Si la prensa pública publica la verdad, entonces (acusan) está entregada al gobierno. En su mediocridad (la prensa), porque no solamente hay mala fe sino también mediocridad, ser independiente del gobierno es solo criticar. También, hay fines comerciales, el escándalo vende y las buenas noticias no tanto. Como dice Ignacio Ramonet: Esa prensa comercial, no vende información a los ciudadanos, vende ciudadanos a los auspiciantes, porque ellos se financian con eso. Mientras más información venden, más ganan los auspiciantes, aunque así sea una “porquería” (disculpen la expresión) esta información. Entonces, no hay esperanza que cierta prensa comercial cambie. ¿Cuál es la solución?, ahí está el debate planetario, si la prensa debe involucrarse en temas políticos, si ese es su rol principal o es el de informar. Asumiendo que su rol sea hacer política, al menos que lo digan, que son de derecha, de centro derecha o de izquierda, pero se dicen que son una prensa libre e independiente y todos son de derecha contra un gobierno progresista. Tienen censura previa (la prensa). Dicen que nosotros (los gobiernos) somos los que imponemos la censura previa. Es que, es bien chistoso este tema… yo soy académico, toda mi vida he sido profesor universitario y no entiendo académicamente esto. La prensa dice cualquier cosa y eso es libertad de expresión, si usted le contesta dicen que es un atentado a la libertad de expresión. Esto es absurdo… y en base a eso, nos bombardean todos los días. Creen que en la repetición está la demostración. Yo no tengo mucha esperanza que esos grupos que han apoyado a la dictadura, que están apoyando claramente a los partidos de derecha vayan a cambiar. Son corruptos de naturaleza, tienen sus propios intereses. ¿Cuál es la solución? Desarrollar más medios públicos, democratizar la propiedad de los medios, sobretodo de los espacios radioeléctricos en favor de la sociedad, de comunidades, universidades o instituciones verdaderamente sin fines de lucro, porque en la base, ¿dónde está el conflicto? medios privados con fines de lucro proveyendo un derecho, que es la comunicación… imagínense… medios de comunicación privados proveyendo justicia. Esto es ir para atrás. La justicia es un derecho, la comunicación también. Tiene que haber una gran regulación, sin embargo, queda el conflicto latente. Puede ser atenuado con ética, con profesionalismo.

Estas afirmaciones del presidente Ecuatoriano no son casuales ni fuera de lugar, más cuando se lo hace en Bolivia, donde “supuestamente” no existe libertad de expresión para muchos “medios de comunicación” y “asociaciones de periodistas”. Correa está apuntando a una cosa vital en comunicación: cambiar ese viejo paradigma de la libertad de expresión por el derecho a la información que tiene la ciudadanía.

* Miguel García Angelo es presidente del Colegio de Comunicadores de Bolivia

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