Realidades y no palabras

¿QUÉ ESCONDE LA ASFI?

Edgar Toro Lanza

Como decía Nelson Mandela: ¿‘Quis custodiet ipsos custodes’? (¿quién vigila a los vigilantes?)

La Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (Asfi) es la institución del Estado boliviano que regula y supervisa el funcionamiento de las entidades bancarias, cooperativas, mutuales, fondos financieros, entidades que operan con valores y seguros, que conforman el sistema financiero.

De acuerdo con el Art. 26 de la nueva Ley de Servicios Financieros, que establece que el “presupuesto anual” de la Asfi es cubierto por las entidades financieras, incluido el Banco Central de Bolivia (BCB) mediante “acuotaciones”; a través de un diario de circulación nacional  este periodista envió un cuestionario el 3 de febrero con apenas nueve preguntas, que hasta la fecha no ha sido respondido.

Solo un escueto correo electrónico de que “ella (la directora de la Asfi, Lenny Valdivia) tiene temas de mucha coyuntura que atender” fue la respuesta de la vocera de la institución, Gelgar Olmos, pidiendo un plazo hasta el 17 de febrero. Llegó ese lunes, tampoco hubo respuesta. Ese mismo día le enviamos —vía email— un recordatorio a la directora para decirle que estamos en la semana que la misma Asfi solicitó, pero no tuvimos respuesta hasta  hoy. El mismo 3 de febrero, el cuestionario fue enviado a la Asociación de Bancos de Bolivia (Asoban) para acudir a la contraparte, pero tampoco responde. El argumento fue —vía secretaria— que “las preguntas son para la Asfi”. Es decir, ¿Asoban no sabe cuánto aporta anualmente para el presupuesto de la Asfi?

¿A cuánto asciende el presupuesto anual que recibe la Asfi de las entidades financieras? ¿Cuántas entidades aportan a la Asfi? ¿En qué invierte la Asfi esos recursos? ¿A cuánto asciende los recursos que recibe del BCB? ¿Quién fiscaliza los recursos que reciben? ¿Cuántas sanciones administrativas emitió la Asfi en las dos últimas gestiones? ¿Cuántas resoluciones por gravedad máxima, gravedad media, gravedad leve y gravedad levísima se emitió? ¿A cuánto asciende esos recursos recaudados y dónde se destina? ¿Qué opinión le merece el hecho de recibir recursos de la banca para su funcionamiento y fiscalizar al mismo sector? Estas son las preguntas que la Asfi ni Asoban responden.

¿Qué tienen que esconder cuando se habla de la transparencia de la gestión y el libre acceso a la información?
Como decía Nelson Mandela: ¿quis custodiet ipsos custodes? (¿quién vigila a los vigilantes?); creemos que el Ministerio de Transparencia y Lucha contra la Corrupción y la Asamblea Legislativa deberían convocarlos para que rindan cuentas de su “negación al acceso a la información” y violación al Art. 21 de la CPE, que garantiza el derecho de la población “a acceder a la información (pública), interpretarla, analizarla y comunicarla libremente, de manera individual o colectiva”. 

Finalmente, para “reflexión” de la directora de la Asfi: son “periodistas acuciosos” los que publican lo que le conviene a la institución y los que preguntamos lo que les incomoda, no somos acuciosos, vaya paradoja del “buen periodismo”.

icono-noticia: 

PIRATAS

Edgar Toro Lanza

En el último tiempo varios medios de comunicación televisivos y escritos han estado copiando logotipos y diseños de otros medios del pasado y presente sin ningún estupor convirtiéndose en piratas comunicacionales.

Uno de los ejemplos más recientes es el programa “Súper Deportivo” de la Red Uno donde su conductor, Asbel Valenzuela (el que finge y tiene la voz más fea a decir por él mismo), copia o piratea el logotipo del programa “Show Match” (Bailando por un Sueño 2012) de Marcelo Tinelli de Argentina. El pirata usa el fondo negro, forma y  diseño de la “S” de “Show Match” para la “S” de “Súper”.

Otro caso es el nuevo logotipo del canal ATB que no sólo copió la forma del diseño que es idéntico al del periódico Presencia de 2001, sino también utiliza los mismos colores (azul y amarillo) del desaparecido matutino católico. Esto lo puede ver cada día en ese medio porque es la característica de su identificación e imagen institucional.

Aunque para muchos periodistas de Presencia recordamos con dolor el nuevo diseño del “relanzamiento” de ese periódico porque significó su definitivo cierre del mejor diario de Bolivia, el impreso de Página Siete copió su formato que hoy utiliza. Los titulares, los sumarios, los grises, los recuadros, las fotografías, los resaltados, subtítulos; prácticamente todo del viejo medio de la Mariscal Santa Cruz, se ve reflejado en este periódico de Cota Cota. ¿Fue la decisión de sus propietarios o les tomó el pelo el diseñador?

Recuerdo que en 2009 el periódico El Alteño también hizo su relanzamiento y el director se alababa de haber traído a un experto ecuatoriano gracias a su amistad para realizar el diseño por “poco dinero”, y que estaba haciendo ahorrar a los dueños de la empresa. Pasaron unas dos semanas con clases de actualización de por medio, salió el nuevo diario y el ecuatoriano ya se había ido. Pero grande fue la sorpresa cuando uno de los diagramadores nacionales descubrió sin mucho esfuerzo que ese diseño era la copia de un periódico español. Fue un gran engaño para los empresarios que me parece nunca se enteraron de ese fraude. Le pusieron el nombre “el alteño” (así en bajas) y para el resto del formato sólo tuvieron que hacer un copy paste.

Desde mi punto de vista y habiendo visto los “relanzamientos” de Ultima Hora, Presencia, La Prensa, El Alteño, entre otros medios nacionales, son un perfecto fraude que a los empresarios les encanta traer colombianos, españoles, ecuatorianos, mexicanos, con ese prejuicio que el extranjero es mejor que lo nacional y tiran un montón de plata en algo que fácilmente lo pueden hacer nuestros diseñadores donde hay mucho talento. Ni hablar de réplicas de programas televisivos de otros países. Lo triste es que creen que nos engañan y nos meten el dedo a la boca, o nos toman como bobos faltando el respeto a los televidentes sin ningún principio ético.

 

Edgar Toro Lanza es periodista 
[email protected]

icono-noticia: 

EL SEÑOR 10 POR CIENTO

Edgar Toro Lanza

El señor 10 por ciento prolifera en muchas regiones del país y en algunos países vecinos. Ejerce un cargo público, pero en los hechos es un “recaudador” de fondos y recursos para la máxima autoridad ejecutiva.

Es un especialista en la coima, en el chantaje, en la presión y sobre todo, en el cobro de las dádivas sin dejar rastros. No gira facturas ni firma contratos ni documentos que lo delate. Cuida todos los detalles para no ser descubierto.

Es militante político, hombre de confianza de la autoridad, muchas veces amigo de infancia, colegio, universidad o simplemente vecino de barrio. Donde el político se acomoda en un cargo público, el Señor 10 por ciento es convocado para cumplir con el trabajo que domina.

¿Cuál es el modus operandi de este personaje? La institución pública convoca a licitación pública para la adjudicación de una obra, material de construcción, servicios u otros requerimientos. Pero esta convocatoria sólo es para cumplir con la norma, para decir que todo el proceso fue transparente, pero en realidad, muchas empresas que cumplen con todos los requisitos quedan fuera de la adjudicación sin explicación alguna.   ¿Cómo ganan las otras aspirantes? Pues ahí está el negocio. El hombre de los billetes exige un 10% del valor total de la adjudicación por adelantado. Caso contrario no hay trato.

Los montos no son nada despreciables. No hay obra que no cueste de 100 mil dólares para arriba. Otras pasan del medio millón de dólares. Calcule el 10% y ya sabe de la friolera que se recauda. Pero no olvide que eso sólo es de una obra, en un año de gestión se adjudican más de una veintena de licitaciones.

Cuentan que uno de ellos vivía en la zona San Pedro de La Paz y cada mañana subía a la ciudad de El Alto a trabajar. Era funcionario público, su cargo: “recaudador” de fondos para la máxima autoridad ejecutiva.   

Otro lamenta que un burgomaestre de profesión galeno dejó a varios microempresarios colgados con grandes deudas en El Alto. Le dieron el 10% pero la autoridad no les cumplió. Los estafó con la ejecución de varias obras porque no les pagó. No pueden denunciarlo por temor a ser descubiertos como parte del negociado. Pero no descartan el “ajuste de cuentas” como la única salida para recuperar los daños y perjuicios ocasionados. La cosa es seria y peligrosa.

Un transportista boliviano recuerda que su hermana contrajo matrimonio con un dentista peruano quien estudió en la UMSA de La Paz. El odontólogo volvió a su país para hacer una carrera política. Pero antes de habilitarse como candidato a alcalde, el dentista de marras sacó un gran préstamo del banco para comprarse dos casas y otros bienes. Es decir, se endeudó con la seguridad de recuperar todo cuando sea autoridad. “Mi cuñado ahora es alcalde y en un año duplicó sus ganancias pagando toda la deuda al banco porque cobra el 20% por cada obra adjudicada”, comentó hace un tiempo.   

El Señor 10 por ciento pulula por todas las instituciones públicas. Hace pocos días me costó creer que eso pasa en una institución paceña de mucho prestigio. “Pero dicen que son transparentes y hacen obras para la ciudad”, comenté. “Ahí es igual o peor. El 10% es el principal negocio que tienen”, retrucaron.

Cómo controlar, qué hacer, algo que es vox populi en esferas públicas. Todos callan porque son parte de la corrupción. Lo cierto es que hace mucho tiempo la política se ha convertido en un gran negociado. ¿Será por eso que todos quieren ser candidatos?

Edgar Toro Lanza es periodista

[email protected]

 

icono-noticia: