ESTADO

Social
La Comisión de Prevención del Delito y Justicia Penal hizo un llamamiento para para fortalecer la justicia y el Estado de derecho y ayudar a construir instituciones resilientes en apoyo de los objetivos mundiales de desarrollo.
Regional
La federación de cocaleros informó que al menos doce productores fueron afectados, por lo cual exigen la presencia de las autoridades nacionales para resolver el problema de la erradicación de cultivos, aparentemente, ilegales.
Internacional
El fiscal de París señaló que fueron tres equipos de terroristas que coordinaron los ataques sucedidas en capital francesa la noche del viernes. Según reportó, los 3 detenidos en Bélgica, por su posible participación, eran desconocidos para los servicios de inteligencia.

UNA MIRADA DESDE LA TEORÍA DEL ESTADO (PARTE 2)

Omar Qamasa Guzmán Boutier

Si se dice que en una guerra -para el caso la del Pacífico- se enfrentan “acumulaciones históricas” (Zavaleta 1988), se quiere señalar desde el punto de vista estatal, el desarrollo de los Estados, en términos de correspondencia con su sociedad. Hemos visto la disparidad que al respecto mostraron Bolivia y Chile, en el siglo XIX. Por otro lado, debe anotarse también que en todo ello el Estado, en tanto institución, acumula experiencias, recuerdos, historias. En estos casos, a estas acumulaciones vamos a denominarlas “memoria institucional”. Pues bien, los diversos desarrollos estatales marcan también diversas trayectorias, diversos recorridos. Estas trayectorias, estas historias, significan también distintas memorias acumuladas. El que las instituciones tengan una determinada carga histórica o una memoria particular, explica a la larga la conformación de las propiedades de su carácter y de su modo de ser.

En un primer momento de esta evolución tenemos, entonces, los orígenes coloniales de los momentos constitutivos de los Estados en Chile y Bolivia. Modos de ser que sostuvieron, en lo posterior, la propia guerra del Pacífico. La manera en cómo llegaron ambos países a 1879 fue pues el resultado de aquellas distintas trayectorias. En la manera de llegar actuaron también las distintas memorias estatales.

En la disputa bélica, tanto las acumulaciones (el precoz óptimo estatal chileno y la realidad estatal inestructurada de Bolivia), como las memorias institucionales (fuertemente militarista en Chile y burocrática elitista -la lógica de las “roscas letradas”- en Bolivia), definieron el resultado de la guerra del Pacífico. Se entiende también que tras cada una de estas modalidades de constitución estatal, se encontrará actuando una ideología determinada, una particular visión del mundo.

La ideología de Estado se halla compuesta no sólo por la convocatoria discursiva durante el momento constitutivo, sino específicamente por el contenido de dicha convocatoria a la sociedad, en aquel momento. A ello hay que sumar, además, las construcciones discursivas, ideológicas, posteriores al momento constitutivo. El caso boliviano, a propósito de su reclamo por un acceso soberano al mar, es aleccionador al respecto. Aquí tenemos un componente discursivo (que con el tiempo devendrá en una parte de la ideología del Estado boliviano) que cumple la función de lazo unificador, universal, nacionalmente hablando. Está claro, por otra parte, que desde la guerra del Pacífico hasta el presente, la relación Estado – sociedad en Bolivia, ha experimentado modificaciones al impulso de motivaciones sociológicas y políticas.

Eventos tales como la revolución nacional de 1952 o las reformas actualmente en curso, han significado, desde el punto de vista de la relación anotada, la expansión de la base social del Estado, es decir la inclusión al ámbito estatal, del acervo humano de la mayor parte de la sociedad boliviana. En definitiva, aquellas reformas políticas han contribuido a la conformación de un Estado con mayores posibilidades de expresar a su sociedad. El que estas posibilidades continúen distorsionando esa relación, a causa del formato monocultural del Estado, es parte de otra discusión. Por supuesto que aquellas reformas, a su turno, han sido consecuencia de movimientos nacionales de autodeterminación; lo que quiere decir que la inclusión de la sociedad al ámbito estatal, bajo los supuestos de la igualdad, pueden considerarse verdaderas conquistas sociales. Desde ya, lo concreto será la modificación en la relación Estado – sociedad, superando la inestructuración estatal del siglo XIX.

En contrapartida, el Estado en Chile tendrá un devenir distinto. Aquí el óptimo estatal alcanzado de manera precoz mostrará signos de agotamiento, principalmente por el movimiento de la sociedad chilena en pro de reformas democráticas y por los efectos políticos de la exclusión indígena permanente. Esto nos dice que la ecuación en la relación óptima Estado y sociedad, es un fenómeno que no se produce de una vez para siempre, sino un hecho en movimiento, que debe ser constantemente alimentado. Es decir, un fenómeno que debe ratificar de manera permanente una hegemonía (ya que, por medio del óptimo estatal, se despliega un discurso hegemónico), a fin de mantener aquella relación óptima.

Sin embargo, mientras la sociedad chilena presiona para modificar la propia interpelación (de carácter militarista) dada en el momento constitutivo de su Estado, la memoria institucional de éste actúa en sentido inverso, bloqueando en lo principal, aquellas pulsiones democráticas e inclusivas. El peso de esta memoria asume, para con la sociedad chilena y por medio de los operadores estatales, características no democráticas, debilitando consiguientemente los discursos de legitimación del Estado.

A lo largo del tiempo (que principia, puede decirse, la tercera década del siglo pasado), es este cuadro el que contribuye al desgaste de aquél inicial óptimo. La situación que comienza a configurarse nos revela no sólo que los discursos hegemónicos (incluso si son resultado de un momento constitutivo, como en este caso) envejecen, sino que, por ello mismo, demandan nuevos vínculos, también discursivos, entre el Estado y la sociedad. Se trata de una demanda, visto desde el ámbito societal, que busca recuperar el óptimo, en la relación entre ambos.

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Cultura
“Vamos a ver si tiene el manejo de la lengua inglesa en lecto-escritura y hablado (…) entre el 17 de octubre y 14 de noviembre se van a realizar una especie de pruebas, que van a consistir en exámenes”, informó el ministro de Educación, Roberto Aguilar.
Social
“Vamos a presentar, va a ser otro juicio contra el Estado, fuera de la lucha por la Ley 2640 porque estamos muy molestos y vamos a poner más fuerza a la demanda. No vamos a abandonar (la vigilia) y menos nos van a escarmentar”, dijo Constantino Lima.

DEBILIDADES COMO ESTADO

Mario Mamani Morales

Si asumimos que todos los bolivianos somos corresponsables de todo cuanto pasa en el Estado, autocríticamente aceptaremos que la llegada del presentador de noticias de CNN, Ismael Cala, la fuga del senador Pinto hacia Brasil, la tragedia ocurrida en la cárcel de Palmasola en Santa Cruz, son algunos hechos que demuestran lo endeble de nuestra institucionalidad.

En el tratamiento de cobertura al caso Ismael Cala, se ha demostrado que algunos medios de comunicación han hecho apología de la soberbia, carácter iracundo e irrespetuoso frente al Presidente del Estado Plurinacional por parte del afamado presentador de noticias, quien en el léxico cubano es considerado simplemente como “gusano”; pero en Bolivia encumbrado hasta lo máximo en el escenario de la noticia.

En ninguna parte de otro Estado se permitiría que un entrevistador haga mofa irreverente del Primer Mandatario de su Nación, porque es cuestión de identidad, sentido de pertenencia y defensa del país en que uno vive y se realiza, además tener el criterio puro de sentido de patria.

Esta es una clara muestra de la debilidad porque se demuestra que algunos hijos de esta patria permiten con facilidad la ofensa a su Presidente, o ¿simplemente debe pasar porque el Mandatario es indígena, no pertenece a la alcurnia de lo tradicional, o la falta de comprensión de que la acera del frente también es Patria?

En el caso del senador Pinto se desvela que varios aspectos de nuestra institucionalidad están débiles: la capacidad de negociación en las relaciones internacionales; la seguridad del Estado porque se recorrieron tantos cientos de kilómetros en un motorizado sin que exista un mínimo de inteligencia policial o militar, aún más tratándose de extranjeros que realizaron una acción operativa seguramente perfecta para ellos; la justicia boliviana que se vio impotente de actuar para sancionar delitos calificados de comunes.

Otra vez los medios de comunicación invaden el escenario informativo con todos los detalles del caso, se ocupan aperturas de periódicos durante varios días con el asunto, los noticiosos abarcan muchas horas y se prevé que esto continuará  porque “eso sí es noticia”.

¿Cuánta gente no quisiera pedir cobijo en alguna embajada y recibir ese trato para poder huir del país? ¿No hay gente encarcelada porque simplemente tomó una oveja del rebaño ajeno para saciar el hambre? ¿Es el caso del senador? ¿No se debe demostrar la inocencia y la inculpabilidad dentro del marco jurídico? ¿Dentro de la iglesia evangélica no se pone en “disciplina” a lo que desobedecen los principios bíblicos? ¿No se debe defender que una persona es inocente hasta que no se pruebe lo contrario? ¿Si alguien sabe que no es culpable, entonces por qué huir?
Otra muestra de la debilidad del Estado es la tragedia en Palmasola, más de una treintena de personas fallecidas. Lo peor, muchas de ellas sin tener sentencia, es decir, se presume que eran inocentes; pero privadas de libertad.

El acceso a la justicia es un tema pendiente y a la vez un desafío para el Estado, no importan aquí la politiquería partidaria, más bien debe ser tratada como una necesidad no de gobierno sino de política de Estado, a la vez urgente porque cada vez las cárceles bolivianas tienden al hacinamiento por las características económicas y sociales en que se desarrolla el país.

Si bien el sustento de una sociedad es la economía, dentro de ésta está concebida la educación, sistema de mediación entre la sociedad civil y el Estado, pero que tiene que estar presente en la realidad organizacional e institucional, de manera que se construya una sociedad fuerte, con soberanía y razón de ser totalmente independiente.

Dentro de la corresponsabilidad ciudadana todos somos agentes de construir el país, fortalecer la institucionalidad en el respeto de los parámetros jurídicos y normativos, pero también de identificación plena con los intereses supremos de país o Estado.

Cuando se trata de los colores bolivianos, independientemente de quien gobierne; pero dentro del marco democrático, todos somos corresponsables de construir el Estado, por tanto, ver los acontecimientos como desde el palco es fácil pero irresponsable, porque así no se asume una identidad ni sentido de pertenencia.

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Cultura
“Los mayores casos de racismo y discriminación se da en la esfera pública, con servidores públicos (como) viceministros, directores o jefes de unidades (con) actitudes jerarquizantes. Hay discriminación abierta o encubierta”, afirmó Félix Cárdenas.

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