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Se ve como una peculiar y bastante cómica "ola mexicana", pero según los científicos, los perritos de la pradera de cola negra practican este movimiento contagioso y colectivo para defenderse de predadores.
Uno de estos animales (que en realidad son roedores) inicia la ola al estirarse rápido hacia arriba, y luego se extiende al resto del grupo.
Y lo hacen para poner a prueba el estado de alerta de sus compañeros, según sugiere un estudio publicado en la revista Proceeding B de la Real Sociedad británica.
Jim Hare, autor de la investigación de la universidad canadiense de Manitoba en Winnipeg, sostiene que este comportamiento contagioso es la forma que tienen los perritos de la pradera para "poner a prueba el sistema de transmisión de emergencia".
Es una práctica habitual entre los perritos de la pradera de cola negra (Cynomys ludovicianus). Estos roedores de las Grandes Llanuras de Norteamérica dedican la mayor parte de su tiempo a buscar comida y a protegerse de los depredadores pero, de vez en cuando, uno de ellos hace algo extraño: se levanta sobre sus patas traseras y salta en el aire mientras suelta un característico chillido. El gesto es imitado por los compañeros que tenga más cerca. Lejos de manifestar su entusiasmo por los colores de algún equipo, los biólogos de la Universidad de Manitoba (Canadá) creen que se trata una especie de sistema de alerta.
Según publican en la revista Proceedings of the Royal Society B, los perritos de la pradera hacen estos saltos para asegurarse de que sus compañeros prestan atención a su entorno y se mantienen vigilantes ante la presencia de depredadores en los alrededores. Si el acto se repite mucho, significa que el grupo está alerta y es digno de confianza, por lo que pueden relajarse un poco, dedicarse más a buscar comida y perder menos tiempo oteando el horizonte en busca de enemigos al acecho como coyotes o halcones.

¿Conciencia o imitación?
Otros expertos en comportamiento animal señalan que hay más interrogantes que responder antes de asegurar que estos animales son verdaderamente conscientes del comportamiento de otros individuos.
Alan McEllington, científico de la Universidad Queen Mary en Londres, dijo que los perritos de la pradera pueden estar siguiendo "simples pistas" para seguir las acciones del resto de su grupo.
McEllington destacó este estudio como "muy interesante", y elogió a sus autores por estudiar a los perritos de la pradera en estado silvestre.
"Sería imposible crear un escenario experimental que imitara algo como esto", dijo el experto.
McEllington y Hare coinciden en que hacen falta investigaciones más detalladas para entender en profundidad a qué reglas responden estas demostraciones.
Sin embargo, Hare apunta que "como los bostezos en los humanos, los comportamientos contagiosos como estos son maneras de evaluar las mentes de otros y de entender una mente distinta de la propia".
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