Cortez Parada: ‘A mí no me gusta que me llamen puta’
La presidenta de la Organización de Trabajadoras Nocturnas de Bolivia (OTNB), Lily Cortez Parada, defendió este martes a su agrupación que presta servicios sexuales en el país y reclamó a la sociedad respeto y consideración hacia a ellas.
La representante indicó a ERBOL que en los últimos meses creció de 800 a 1.500 el número de mujeres afiliadas a la institución, además de 75 varones registrados para ese oficio.
Segura de sí misma y convencida de logros alcanzados en la consolidación de OTNB, indicó que proyectan tareas que las dignifiquen frente a la opinión pública, entre ellas en la ejecución de asistencia social.
“Somos alrededor de mil 500 trabajadoras sólo en El Alto, ha crecido. Se incrementó el índice de trabajadoras sexuales por la misma crisis económica nacional y mundial. Ahora nadie sobrevive con un sueldo básico de 1.200”, enfatizó.
Según datos del sector, la cantidad de trabajadoras sexuales se incrementó entre 30 a 40 por ciento. Muchas niñas menores de 18 años, víctimas de la crisis, el abandono y la desintegración familiar fueron rechazadas en la institución.
“Menores vienen a querer trabajar. No hemos permitido que entren, hemos buscado otras alternativas para estas. Se incrementó la presencia de varones y mujeres. A las changuitas de 17 no podemos darles una libreta del Ministerio. La organización trabaja contra la trata. Nosotros no podemos ser parte ni cómplices de la explotación sexual”, afirmó.
Varones y mujeres que se animan a incursionar en el mundo de la prostitución, si pretenden afiliarse a OTNB, deben presentar dos fotocopias de su cédula de identidad y carnet de sanidad.
Cortez aclaró que el servicio que prestan “se encuentra garantizado” en materia de salud y libre de cualquier tipo de enfermedad.
“Cuando ellos llegan se someten a control de VIH y luego hay una psicóloga. Todas se someten a pre y post consejería, se les explica, las consecuencias. Nosotros orientamos. Nosotros asumimos esa responsabilidad de orientarlas tanto psicológica como físicamente”, agregó.
El costo del servicio sexual es variable, de acuerdo al lugar de su trabajo. En la zona 12 de octubre oscila entre los 20 y 25 bolivianos, en clubes nocturnos de 60 a 100 bolivianos y en lugares privados el monto sube.
Cortez Parada señaló que los varones cobran entre 150 a 200 bolivianos por su “trabajo”, debido a que les exige “mayor esfuerzo físico”.
No somos putas
La presidenta de las trabajadoras sexuales reclamó tolerancia y respeto a la sociedad, además que se encuentran expuestas a muchos riesgos.
“Dejamos nuestro cuerpo, nuestra juventud, dejamos nuestra fuerza en estos locales. Pocas surgimos. Cuando a los dueños les da la gana nos botan con una patada en el trasero, después de haberles hecho engordar con nuestro cuerpo. Dejamos la mitad de nuestras vidas, pero eso nadie lo valora”, dijo.
Recordó que la mujer prostituta cumple un servicio social a la sociedad, porque con su labor disminuye el porcentaje de violaciones, además que generan trabajo directo e indirecto.
“Aquí no somos ni putas ni prostitutas, aquí somos trabajadoras sexuales. A mí no me gusta que me llamen puta, sino trabajadora sexual, porque para mí esto es un trabajo. La Ley General del Trabajo me ayuda”, concluyó.